Galicia

La universidad, ante su transición

Con el nuevo mapa de titulaciones a la vista, responsables de los tres centros gallegos desmontan mitos sobre las carreras sin alumnos o las duplicidades

Uno de los vestíbulos de la facultad de Económicas de Santaigo
Uno de los vestíbulos de la facultad de Económicas de Santaigo - MIGUEL MUÑIZ

Sacando el barco de las rocas. La expresión vale para resumir el actual estado de las tres universidades de Galicia. Santiago, Vigo y La Coruña comienzan a navegar por aguas mansas tras negociar, no sin dificultades, uno de los ciclones económicos más severos de las últimas décadas. Ahora encaran una singladura, que más bien es una transición. Van aliviando los recortes presupuestarios- y comienzan a prepararse para la reforma del mapa de titulaciones. A finales de año, implantarán las primeras medidas de una hoja de ruta que han firmado, junto con la Consellería de Educación, para modernizar su oferta. Tendrán de plazo hasta el 2020.

La estrategia descansa sobre cuatro pilares. La Xunta quiere dar prioridad a nuevos títulos de grado y de máster que apuntalen la «estrategia de especialización» de los campus. Cada uno ya tiene su apellido: son una realidad o una previsión el Campus da Auga en Ourense, el Campus da Terra en Lugo o el de Saúde en Santiago, por citar a algunos ejemplos. En segundo lugar, se determinarán las titulaciones consideradas «singulares» para salvar a aquellas carreras cuya escasa demanda las posiciona al borde del precipicio. También, Educación apuesta por fomentar los diplomas «interuniversitarios» a compartir entre los tres centros de la Comunidad, y por eliminar el solapamiento de algunos grados.

Cuatro picas, en fin, sobre las que sostener la universidad gallega del futuro. Porque el presente acredita el vigor de la demanda. Según los datos facilitados por la Comisión Interuniversitaria de Galicia (CIUG), los alumnos de bachillerato que este septiembre vayan a realizar las pruebas de la selectividad —la actual EBAU—, se encontrarán sin plazas en la mitad de las más de 160 titulaciones ofertadas. Algunos de los más solicitados son los dobles grados. En el caso de la simultaneidad de estudios de Matemáticas y Física, con solo diez plazas, la barrera de acceso se situó en un 13,3. Sobre 14.

Los responsables de la oferta académica consultados por ABC, sin embargo, no fían el porvenir solo a esta alternativa. El rector de la Universidade de La Coruña (UDC), Julio Abalde, cree que hay que «estudiar caso por caso», pero que aún así «no debe ser una cuestión generalizada». Lo conveniente, relata, es que las duplicidades guarden coherencia entre sí: «No todas las dobles titulaciones se pueden hacer porque se trata de dar una formación transversal». La vicerrectora de Organización Académica de la UVigo, Ana Graña, ahonda además en el perfil de este tipo de estudiantes. Les acompaña «una dedicación mayor» que los demás, puesto que no todos los alumnos «quieren y deben» someterse a la exigencia de estudiar más años —cinco, en muchos casos—, y hacerlo de una manera más intensa.

¿Carreras sin demanada?

Son los exponentes de una realidad, la de los dobles grados, que contrasta con otras titulaciones de menor cartel. No seducen tanto, ni a los jóvenes ni al mercado laboral, y a menudo esa imagen provoca especulaciones sobre su viabilidad. Las universidades, con todo, insisten en que su función va mucho más allá de los vientos que soplan en el mercado. «Hay algunas que se tienen que impartir sencillamente porque tiene que ofertar todas las ramas de conocimiento», señala Abalde. «Siempre se habla de titulaciones que tienen pocos alumnos pero nunca que estamos formando 200 ingenieros informáticos al año (...) Hay titulaciones con baja demanda pero que son necesarias socialmente, creo que no es un problema de eficiencia».

En una ocasión, Alberto Núñez Feijóo llegó a afirmar que la universidad no podía seguir impartiendo «titulaciones del siglo XIX». El vicerrector de Oferta Docente de la USC, Javier López, ironiza con que fue entonces cuando las instituciones académicas alcanzaron su esplendor en Europa. Pero a día de hoy, subraya, Santiago huye de los grados anquilosados. «Tenemos que ir hacia una modernización, haciendo coincidir lo clásico con titulaciones más adecuadas», profundiza.

El debate de las aulas vacías está a menudo muy relacionado con otro: el de las duplicidades. El hecho de que se imparta una misma carrera en varias ciudades separadas a unos cuantos kilómetros de distancia. «Esos son títulos que tienen demandas y los acercamos a la gente, ése es el gran logro», apunta Graña. «Igual hay que ofrecer menos plazas, pero eso no es necesariamente malo».

En La Coruña se suman a esta tesis. Abalde pone de ejemplo el grado de Enfermería. «No todas son iguales. Nadie se plantea una situación en la que haya 150 alumnos en primero porque sería inmanejable desde el punto de vista de las práctica».

Aquel fue uno de los preceptos del Plan Bolonia, tan polémico en su momento. Los universitarios debían hacer prácticas, entre otras ventajas, para acercarse al terreno laboral. Implantado en 2010, el tridente de Galicia presume de estar cada vez más cerca del mercado. López presume de que la USC cuenta con «un aval muy amplio de empresas», dentro de la Comunidad y de España.

Porque estudiar sigue compensando. Se extrae esta conclusión del último estudio de inserción laboral elaborado en el Sistema Universitario de Galicia ((SUG), allá por el 2014. Entonces, siete de cada diez egresados en el año anterior encontraban trabajo. De éstos, la media tardaba nueve meses y medio en firmar un contrato relacionado con sus estudios.

Financiación

La financiación es siempre el mar en el que desembocan todos los afluentes. Galicia es la comunidad autonónoma española donde más accesible es la universidad —11,9 euros por crédito, en comparación con los 25 euros de Cataluña— . Ahora que la recuperación parece latir en todos los indicadores, los centros solicitan más dinero, pero no tasas más altas. «Los recursos deben incrementarse pero no por la vía de la matrícula», indica Graña. En la USC advierten que si las matrículas se eleva, sería necesario estructurar «paralelamente» otro «sistema de becas». Y La Coruña añade que, si Galicia quiere dar un salto cualitativo, la financiación tendría que colocarla «en la media de las universidades de nuestro entorno».

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