Juan Soto - El Garabato del Torreón

Los tesoros de Galicia

Galicia acude ahora a Fitur como antes acudía a la Feria del Campo, con su caravana de alcaldes, sus coros y danzas y sus folletos divulgativos

Juan Soto
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Aquello que en el ominoso régimen se llamó Feria del Campo se llama ahora Fitur: un escaparate de las delicias turísticas españolas, o sea la crema pastelera de las tierras y los hombres de España, como decía el invicto Caudillo. Galicia acude ahora a Fitur como antes acudía a la Feria del Campo, con su caravana de alcaldes, sus coros y danzas, sus folletos divulgativos, su cartelería a cuatricomía, su gastronomía de degustación y sus vídeos sobre la playa de As Catedrais, los encajes de Camariñas y los melindres de Ribadavia. Una caravana (o una caterva, según se mire) de gentes a sueldo y dietas. Todo igual que con el invicto Caudillo, empezando por lo de «E para comer Lugo...», que es un eficaz emblema del ministro Fraga y su delegado Sánchez Carro.

Uno visitó algunas veces aquellos fitures del franquismo, decorados con sus pabellones de escayola y ladrillo, algunos, por cierto, magníficos, como el de Pontevedra, diseñado, si no nos traiciona la memoria, nada menos que por Alejandro de La Sota, o el de Lugo, que reproducía el pazo de O Corgo, con los cuarteles de los Lemos y los Valcárcel a la entrada. El territorio escenográfico de Galicia recordaba los decorados de Maruxa, la zarzuela de don Amadeo Vives.

Por lo visto, la propuesta galaica del Fitur de este año era la Ribeira Sacra, a la que quieren hacer Patrimonio de la Humanidad. Un país como el gallego, que tiene en la hostelería su único desarrollo industrial y su único campo laboral, es lógico que se vuelque con el turismo. Pero de poco ha de valer la excursión anual a Fitur si al mismo tiempo no se acomete con decisión la empresa de poner término a la destrucción urbanística y paisajística de Galicia. Al respecto, convendría derogar de una puñetera vez la fórmula de feísmo autonómico, hasta ahora amparada desde la propia Administración.

Galicia está llena de tesoros, aunque la fulanería que la representa en los fitures no se haya enterado. «Toda Galicia está llena de tesoros», decía Cunqueiro, uno de nuestros grandes tesoros culturales. Y añadía: «Lo que más desea un tesoro es ser descubierto». En Galicia hay alcaldes (y alcaldesas), gobernadores civiles (que ahora se llaman con otro nombre) y jefes del Movimiento (que también los hemos rebautizado). Pero no creo que esta gente sea capaz de descubrir los auténticos tesoros de Galicia. Ni con el Ciprianillo.

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