Galicia

Solo aquí subió la marea

Villares mojó los pies al PP en un concello sin mar. Vilar de Santos es feudo de Xan Jardón, un alcalde sin secretos

Perspectiva del concello orensano de Vilar de Santos
Perspectiva del concello orensano de Vilar de Santos - FACEBOOK

El último mensaje de campaña de EnMarea dirigido al PP era un consejo envenenado: «Que aprendan a nadar, porque va a subir la marea». La realidad electoral se estampó contra el presagio, y solo un concello, sin mar, le compró el mensaje en las urnas: Vilar de Santos. Un municipio orensano de 894 habitantes en cuyos lindes el único mar que existe es el de las victorias locales del baltarismo. Donde el 48,9 por ciento de las papeletas fue para Villares y el 35,6 para Feijóo. La Resistencia.

«No tengo ese concepto de ser la Resistencia», desecha su alcalde,el galeguista Xan Jardón. Gobierna a la búlgara con siete ediles de siete, merced a su fama de regidor cercano y comprometido con el rural. Se bajó del BNG en la parada que hizo medio frente, en el mercado de Amio allá en el 2012. Ingresó en Compromiso por Galicia, dentro del cual fue un referente de gestión, y se dio de baja el pasado agosto: «Fue una decisión colectiva y así se lo explicamos a los vecinos. Al final, las siglas son instrumentos para la práctica política», precisa. Pudo mantenerse neutral en estas autonómicas, pero se decantó por ir al encuentro de En Marea. El rupturismo lo acogió con los brazos abiertos, como recitando frases de Cortázar —«caminábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos»—. La noche de las elecciones Villares y Jardón conversaron por teléfono para agradecer el respaldo durante las semanas de campaña. «Apoyamos una candidatura porque la encabezaba una persona con un buen perfil para este país», explica Jardón, en cuya mente estaba «poner a los vecinos por delante, convocando actos públicos participados» porque para el nacionalista esa es «la democracia real, no solo los parlamentos y los plenos».

El regidor dice no tener más aspiraciones políticas que las de su pueblo. No vende secretos. Vende trabajo: «Simplemente hay mucha implicación. Hemos peleado por un rural vivo con un mismo nivel de servicios que el urbano. Universalizamos la ayuda a domicilio, construimos un centro de día, recuperamos una escuela infantil cerrada por la Xunta y nuestro polígono industrial ya cuenta con 22 empresas». Sus refriegas con sus rivales nunca superan los límites del respeto institucional, incluido Baltar, cuya figura empleó En Marea para intentar fustigar al PP. Las relaciones entre el gobierno local de Jardón y el provincial son fluidas. Ni siquiera se pronuncia contra los ataques a la bolsa de votos rurales siempre fieles a los conservadores: «No los comparto, pero cada uno es dueño de lo que dice y de lo que piensa». El suyo es otro estilo de hacer política con capacidad «de escuchar, para después poder hablar y de conectar con la gente».

Tras las autonómicas Jardón vuelve a emerger a ojos de los dirigentes del rupturismo. «La política pone a cada uno en su lugar». Él prefiere resumirlo así.

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