Alberto Varela

Sentidiño

Una cosa es defender la pluralidad de España y otra bien distinta aplaudir la brecha que ha creado el independentismo en Cataluña

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Una cosa es defender la pluralidad de España y otra bien distinta aplaudir la brecha que ha creado el independentismo en Cataluña. El «procé»s va a tener repercusiones también aquí en Galicia, y no sólo por como acabe afectando a la estructura territorial sino porque algunos van a tener que rendir cuentas —por lo menos ante el electorado— de cuál fue su postura en los momentos críticos. Qué hicieron, por ejemplo, cuando muchas empresas barajaban cambiarse de comunidad para huir de la inestabilidad o cuando las entidades financieras tuvieron que tomar decisiones para calmar a depositantes e inversores.

Eso por no hablar del acoso que denuncian muchos gallegos residentes en tierras catalanas a base de caceroladas y dedos acusadores de vecinos independentistas que los señalan por discrepar con la postura oficial. Gente que se muerde la lengua para no echar más gasolina al fuego y que evita así que lo que hoy es un conflicto entre hermanos acabe en enfrentamiento social. Pero cuando todo acabe nos preguntaremos ¿Querrían eso para Galicia?

Y debe ser que sí, porque si no no se puede entender que políticos «da terra» hayan acudido a Cataluña a intentar legitimar el referéndum y mucho menos que hayan asumido acríticamente los ataques a las fuerzas de seguridad del Estado que con medias verdades y exageraciones han difundido los partidarios de la independencia a través de los medios. Los independentistas catalanes están destrozando su comunidad y desde aquí hay quien se dedica a animarlos.

Tampoco debemos olvidar que en medio de ese acoso generalizado que hemos visto desde el domingo pasado hay también varios centenares de policías y guardias civiles gallegos que están poniendo la cara por mantener el orden público. Algunos los están tratando como a delincuentes por hacer cumplir la ley. Veremos a quién acuden los que ahora los insultan cuando sean ellos los que necesitan protección. Tienen suerte de que la policía hace bien su trabajo y de que no son gente rencorosa.