Luis Ojea - Cuaderno de viaje

Sandeces de verano

Lo que se plantea en Ponteareas es dar por hecho consumado el absentismo laboral

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Las sandeces de la izquierda no tienen límite. Demonizar el turismo es sublime. Pero esta tropa se supera cada día. Ahora se les ha ocurrido pagar un plus a los empleados públicos que, ojo al dato, cumplan su horario. Incluso si se ausentan un diez por ciento de su jornada laboral podrán percibir esa gratificación. No hay en el diccionario un calificativo que describa con precisión la profundidad de este dislate aprobado en Ponteareas. Lejos de perseguir la irresponsabilidad, penalizando a trabajadores con elevado absentismo que no justifiquen debidamente sus ausencias, se premia a quien cumple lo estipulado en su contrato. Hace falta ser muy mendrugo para producir este tipo de excreción intelectual. Da pavor la frivolidad con la que algunos manejan el dinero confiscado vía impuestos a los ciudadanos. Pero aún resulta más terrorífica la simpleza con la que pretenden abordar la lacra del absentismo, que según los últimos datos supuso en 2016 un coste en España de más de 70.000 millones.

Así se explican las historias fantásticas que de vez en cuando nos regala este país. Hace no mucho trascendía el caso de un ingeniero de Cádiz a sueldo del ayuntamiento que durante seis años no acudió a su puesto de trabajo sin que nadie lo echase en falta. En su defensa alegó que en realidad llevaba catorce sin una encomienda específica, pero aseguró que, aunque no de 8 a 3, pasaba todos los días por la oficina y aprovechaba para leer a Spinoza hasta el punto de haberse convertido en un experto en la obra de este filósofo. Un fenómeno. Igual que otro funcionario que acaba de ser despedido en Valencia que cobraba como jefe sin ir a trabajar. Cuentan que pasaba a fichar a primera hora, se marchaba y volvía para la hora de salida. Total, unos 50.000 euros al año. Tardaron diez en percatarse de la situación.