Galicia

Repensando la archidiócesis de Santiago más de un siglo después

Seis asambleas y 170 consejeros renovarán estructuras y pastoral en la Iglesia gallega

Barrio afronta el reto de cambiar «todo lo necesario» para «no hacer de la fe una planta de invernadero»

Primera de las asambleas celebradas el sábado 8
Primera de las asambleas celebradas el sábado 8 - CEDIDA

Era 12 de octubre de 2012 y aún faltaban cinco meses y un día para que el cardenal Bergoglio saludara desde el balcón de la basílica de San Pedro convertido en el Papa Francisco. Aquella jornada de hace cuatro años, la Archidiócesis abría las puertas a su mayor proceso de renovación en más de un siglo. El arzobispo, Julián Barrio, decidía convocar entonces un sínodo diocesano con el que revisar en profundidad el modelo de esta Iglesia gallega. Compostela se adelantaba a los nuevos aires que pronto comenzarían a soplar en la Iglesia universal. Tras haber recabado centenares de propuestas en parroquias y otros grupos cristianos a lo largo de este tiempo, el sínodo entra en su última y definitiva fase: el debate de una serie de documentos de los que saldrán las conclusiones para cambiar «todo lo que sea necesario». Así lo expuso el prelado en la reciente homilía antes de la primera de las seis asambleas que se celebrarán a lo largo de los próximos cuatro meses. Ciento setenta consejeros —cincuenta de ellos laicos y el resto religiosos— se reúnen en sábados alternos este otoño para «encontrar respuestas y, lo que es aún más importante, hacerse preguntas hasta ahora no formuladas». Si se cumplen los plazos, el sínodo culminará el 21 de enero con la rúbrica del arzobispo. Entonces, el resultado de esta obra colectiva comenzará a aplicarse para, en palabras de Barrio, impedir que la fe se convierta «en una planta de invernadero».

El calado de estas modificaciones en las estructuras, pastorales, métodos o acentos dependerá de lo acordado en estas sesiones, a las que se llega «con aportaciones muy positivas». Así lo indica a ABC Alfonso Novo, secretario general del sínodo diocesano. Existen sugerencias de ámbitos muy distintos — algunas incluso contradictorias entre sí— como reflejo de la riqueza y la variedad de una Archidiócesis en la que viven 1,3 millones de personas, pues su vasto territorio (8.546 kilómetros cuadrados) incluye las ciudades de La Coruña, Santiago y Pontevedra.

Centenares de sugerencias

Las sugerencias se orientan a cuestiones como la situación de las parroquias en la actualidad, el funcionamiento de la Archidiócesis, sus celebraciones o la relación con la sociedad civil. Recopiladas en más de cincuenta folios figuran, por ejemplo, «insistir en lo positivo del Evangelio»; «reestructurar la diócesis en unidades pastorales»; «favorecer la toma de conciencia de que la evangelización es competencia de toda la Iglesia, no solo de los curas»; «cuidar la presencia en los medios de comunicación y en las redes sociales»; «mayor preparación de las homilías»; «institucionalizar fechas especiales en las parroquias»; «una catequesis más experiencial y que no se limite a la preparación inmediata de los sacramentos»; «crear una escuela de catequistas y un banco digital para compartir distintos materiales»; «limitar el tiempo de permanencia al frente de una delegación diocesana o vicaría»; «sustituir los cargos administrativos y de gestión por personal especializado, dejando a los sacerdotes más tiempo para la atención pastoral», «recuperar la figura del monaguillo»; «establecer un tiempo de atención telefónica o por correo electrónico del obispo con los fieles»; «concentración de seminarios» o «que muchas casas rectorales vacías se ofrezcan como vivienda a familias pobres».

La sociedad y la propia Iglesia han variado mucho desde el último sínodo convocado por el cardenal Martín Herrera en el siglo XIX, «aunque esto no quiere decir que en la Archidiócesis no se haya modificado nada desde entonces —matiza Novo—. Pero, a lo mejor, hay cosas que necesitamos actualizar y mejorar. A todos nos afecta la inercia y, de vez en cuando, conviene darnos una sacudida para que estas inercias no se apoderen de nosotros», expone.

Monseñor Barrio conoce profundamente la Archidiócesis en la que ha permanecido desde el inicio de su episcopado, primero como obispo auxiliar y desde hace dos décadas como pastor principal, una labor en la que le gustaría permanecer hasta que —al cumplir los 75 años en 2021— tenga que presentar su renuncia. La fecha coincidirá precisamente con el próximo Año Santo Compostelano. El largo periodo que habrá pasado entonces desde el anterior Xacobeo 2010 fue una de las razones que le llevó a convocar el sínodo en este momento, con calma suficiente «para responder a los interrogantes de quienes nos rodean y poniendo a la Iglesia diocesana en actitud de salida, de misión centrada en Jesucristo, de entrega a los pobres».

Así lo afirmó en la eucaristía celebrada en la Catedral hace escasos días, cuando animó a «arriesgar, abandonar nostalgias, vivir en esperanza, desprendernos de pesimismos y a renunciar a nuestras seguridades».

El primer paso se dio el sábado 8 de octubre y las siguientes asambleas están previstas para el 22 de este mes, los días 12 y 26 de noviembre, el 17 de diciembre y, ya en 2017, el 21 de enero. Todo en busca de «una primavera que dé fruto a su debido tiempo —confía Barrio—. Quienes se alejaron calladamente de la Iglesia esperan nuestro testimonio y nuestra invitación para volver a ella».

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