Maite Pagazartundúa, en una imagen de archivo
Maite Pagazartundúa, en una imagen de archivo - MAYA BALANYA

Pagazartundúa pide rebelarse contra la «alfombra roja» a Otegi

La eurodiputada y víctima de ETA exige al mundo proetarra que salgan de su «espacio de comfort» y contribuyan a la reparación

En libro presentado en Santiago, analiza la huella del yihadismo y la respuesta de Europa a un fenómeno «multiforme»

SantiagoActualizado:

En el Euskadi que se asoma después de la violencia de ETA queda todavía una batalla por el relato. Por evitar, en fin, las lecturas complacientes hacia quienes sometieron a los vascos y españoles a cuarenta años de terror. Maite Pagazartundúa, eurodiputada y hermana de Joseba, el exjefe del policía local de Andoain asesinado por la banda en 2003, es una de esas voces siempre han estado ahí recordar que contra el olvido, la memoria. Y ahí siguen, recordando el pasado en un tiempo en el que los asesinatos etarras ya no llenan portadas ni encabezan telediarios, pero también para alertar que un país reparado ya no puede «seguir poniendo alfombras rojas» a personas como Arnaldo Otegi.

«He vivido en un entorno en el que los asesinos siguen siendo recibidos como héroes», ha reflexionado este jueves en Compostela, durante la presentación del «Libro blanco y negro del terrorismo en Europa»: un informe inédito que Pagazartundúa comenzó a pergeñar al poco de llegar a Bruselas, nada más comprobar el desconocimiento y la ingenuidad de los países de nuestro entorno. Hasta que llegó Daesh. Pero como hay terrorismos que aterrizan y otros que no acaban de marcharse, la parlamentaria de UPyD volcó todo su capital en sumarse a la batalla política e intelectual contra la violencia.

En el País Vasco, ha recordado en un acto celebrado en la Unversidad de Santiago, la «luvia fina» de crímenes de ETA no ha dejado otra cosa que un vertedero de «basura moral» que ahora toca retirar. Durante su intervención, ha rememorado las historias de las familias que decidieron «sacrificar a sus hijos» enrolándolos en la banda; y de todos aquellos que ocultaron los crímenes bajo un léxico gomoso y nocivo, repleto de «palabras para dar por bueno lo que es intolerable». Algo de ese espíritu sobrevive, según Pagazartundúa, en los partidos que consiguieron la legalización «con un voy a condenar a futuro» y que «ejercen de lobbistas de gente que está por delitos muy graves en las cárceles». Ahora, dice, es su turno: «Se tienen que mover de su espacio de comfort después de la que han liado».

El yihadismo

Bien sea el de ETA o el del Estado Islámico, la eurodiputada ha explicado que el terrorismo comparte una característica principal: «Es uno de los pocos fenómenos de crimen grave sobre las personas en el que quien lo perpetra quiere contarlo. La víctima es un instrumento para un campaña de dominio de la colectividad». El yihadismo, en su caso, es un suceso «multiforme», global e hijo de las «mutaciones» que han cambiado la forma de concebir el terrorismo en el siglo XXI. Puede haber un califato como un grupo de personas «franquicia» que actúan solas en nombre de alguien. «Tenemos un problema de largo alcance y tenemos que enfrentarlo con inteligencia (...) Nos dará problemas, podremos vencer, pero nos llevará tiempo», ha añadido Pagazartundúa, que ha puesto en duda tanto las «soluciones mágicas» de los populismos como la «ingenuidad democrática de que, por buena voluntad, está todo arreglado».

En la elaboración del estudio tanto ella como su equipo han descubierto de todo. Desde países europeos que desconocían la existencia de sus propias víctimas, a la falta de legislación específica en gobiernos que creían tenerla. También ha descubierto casos de buenas prácticas, como la ciudad belga de Malinas, donde la integración de la comunidad de 20.000 musulmanes le ha granjeado a su alcalde el título de mejor del mundo. Ejemplos esperanzadores que se rebelan contra la esencia del terror: «Piensa como yo, calla o muere».