DÍA DE LAS PERSONAS SIN HOGAR

«No estamos durmiendo en la calle porque queramos»

En la maraña de cifras, es difícil estimar cuántos ciudadanos carecen de vivienda. Ellos y quienes les ayudan trazan el relato

Alberto y Manuel, en el Centro Vieiro de Cáritas en Santiago, donde compartieron su historia con ABC
Alberto y Manuel, en el Centro Vieiro de Cáritas en Santiago, donde compartieron su historia con ABC - MIGUEL MUÑIZ

Hubo una Navidad en la que Manuel, de 40 años y natural de Viana do Castelo, metió un trozo de pan dentro de otro «e imaginaba que era queso». Eso ocurrió después de haber trabajado como vigilante y guardaespaldas y llegar a ganar 7.000 euros mensuales. Hoy duerme al raso en la dársena de Juan XXIII en Compostela. Lo relata, duchado y con su perilla cuidada, como le gusta verse a diario, en un banco en el jardín del Centro Vieiro de Cáritas. En su curriculum no están ni las drogas ni el alcohol. «Lo perdí todo», resume.

«Un día, si la vida me va bien, me marcharé. Nunca es tarde. Donde termina el sol, empieza el horizonte»Manuel, duerme al raso en Santiago

Le escucha también su compatriota Alberto, de 63 años, 24 de ellos como albañil en La Coruña hasta que todo hizo crack. Todo menos su dignidad, su personalidad o sus capacidades, como recuerda Patricia Camiña, una de las psicólogas con las que comparten inquietudes y mantel. Esos aspectos perviven mientras atraviesan un bache que confían provisional. «No soy nadie para dar consejos, pero hay que luchar, no venirse abajo. Un día, si la vida me va bien, me marcharé. Estoy aquí contigo ahora y ya estoy pensando en mañana. Nunca es tarde porque donde termina una calle, empieza otra. Donde termina el sol, empieza el horizonte».

Manuel y Alberto ponen rostro al Día de las Personas Sin Hogar que se conmemora esta semana con el lema «Hazme visible». Esa es su principal reivindicación porque a veces se sienten como parte del mobiliario urbano. Y ante el soniquete, advierten: «No estamos durmiendo en la calle porque queramos». Hace algunos días, cogieron varias cámaras desechables y salieron a fotografiar su día a día. El resultado se podrá ver desde este lunes en el claustro de la hospedería San Martín Pinario de Santiago. «Queremos mostrar que existimos y que tenemos derecho a una segunda oportunidad», solicitan.

Radiografiar la situación de quienes viven sin un techo estable —ya sea en la calle o en viviendas que no saben si podrán seguir pagando o muy precarias— no resulta sencillo. Ninguno de los siete principales ayuntamientos consultados ha facilitado cifras exactas. Los datos, diversos y dispares, los aportan Cruz Roja y Cáritas, dos de las principales organizaciones que trabajan con este colectivo. Los primeros, por ejemplo, atendieron durante 2015 a 1.639 personas en los grandes núcleos de población. «Es distinto no tener techo y no tener hogar», matiza Joaquín Varela, coordinador autonómico de Cruz Roja.

«El camino a la normalización es difícil, pero la mayoría de las personas quiere reinsertarse»Joaquín Varela, Cruz Roja Galicia

Asegura que hoy hay más recursos y mayor preocupación de las administraciones que hace dieciséis años, cuando comenzaron sus programas de atención, aunque el escenario varía mucho en función del concello: «En algunos tiene más peso lo público y en otros, lo privado». Lo que tiene claro es que «con la crisis se han incrementado los perfiles de personas atendidas». También él rompe los estereotipos: «Hay un perfil vinculado al deterioro mental, otro a los golpes de la vida... La mayoría quiere reinsertarse. No es cierto que estén ahí porque quieran. Algún caso existe, por supuesto, pero la mayoría se encuentra en esa situación porque el camino a la normalización es difícil».

El porcentaje de hombres es mayor que el de mujeres y predominan los españoles de entre 35 y 49 años sin estudios o con estudios primarios, solteros o divorciados, sin trabajo y que carecen de cualquier tipo de ingreso o perciben algún tipo de prestación social.

Más invisibles con la crisis

Desde Cáritas Orense, Mª Carmen Alonso cifra en 1.138 las personas, con nombre y apellidos, atendidas por esta institución de la Iglesia. Su ayuda alcanza a 27.734 familias, con quienes contribuyen —entre otras muchas tareas— a pagar recibos, evitar desahucios o facilitar viviendas cuando esto no ha sido posible. Sin preguntárselo, también ella incide en derribar el cliché: «Preferirían no tener que vivir así. No debemos ser miopes». Y lamenta que «la crisis les ha hecho más invisibles». Entre los ciudadanos que demandan su ayuda, anota un 20 por ciento de jóvenes.

«El albergue puede estar leno en invierno, pero también en verano»Maica Arias, Hermanos Misioneros de Vigo

Si preguntamos en el albergue de los Hermanos Misioneros en Vigo, perciben igualmente un alza en este espectro, aunque acogen también a ancianos donde todo se cronificó, expone Maica Arias, trabajadora social. Por sus paredes, con 38 camas, pasan en torno a un millar de personas cada año, pero muchas repiten: pueden permanecer en ellas diez días de cada treinta. «No depende ni de la época del año ni de la climatología. El albergue puede estar lleno en invierno, pero también en verano», apunta. En Mondoñedo-Ferrol, donde lo público escasea, prevalece el trabajo en red de varias organizaciones. El servicio de atención a personas sin hogar de Cáritas recibió hasta octubre a más de 300 personas. De ellas, 31 eran la primera vez que acudían. En la Archidiócesis de Santiago, que abarca La Coruña, Compostela, Vilagarcía de Arousa y Pontevedra, la última memoria estima que 2.259 hombres y mujeres sin hogar recibieron asistencia.

En Vieiro, que este domingo visita el arzobispo Julián Barrio, trocean tortilla cuando dan las dos y media. Manuel nos despide. Poco antes recuerda: «Para saber de nuestras vidas hay que preguntarnos a nosotros». Y avisa con cariño: «Mañana tú puedes estar aquí conmigo».

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