José Luis Jiménez - Pazguato y fino

Las motivaciones erróneas

El punto de inflexión para Javier Guerra en su desafección no parece estar en la derrota del congreso local de Vigo, sino en el momento en que Feijóo le comunica, en octubre de 2012, que no continuará como conselleiro

José Luis Jiménez
Actualizado:

Sólo indagando los motivos se puede intentar entender cómo una persona crecida políticamente desde hace casi cuarenta años en el PP puede romper su carné y abrazar el naranja redentor. Sólo preguntándose qué lleva a Javier Guerra a negarse como político se comprendería su previsible salto a Ciudadanos. Y todo apunta a un defecto que ya exhibió como conselleiro: su falta de cintura para encajar los vaivenes de la política. Motivaciones erróneas para dar tamaño salto al vacío.

El punto de inflexión en su desafección no parece estar en la derrota del congreso local de Vigo, sino en el momento en que Feijóo le comunica, en octubre de 2012, que no continuará como conselleiro. Y Guerra, sin embargo, contempla cómo otros compañeros de gobierno de probada ineficacia -véase Rocío Mosquera- sí repetían en el cargo. Lo sorprendente entonces fue cómo un fructífero empresario con un patrimonio millonario accedió a permanecer cuatro años como mero diputado raso, cuando la vida civil le habría devuelto parte de lo que le arrebató cuando accedió en 2009 a ser conselleiro.

¿Pero Feijóo lo defenestró por algún error de bulto en su gestión? ¿Fue un castigo por algún amago desleal? No constan ni lo uno ni lo otro. ¿O más bien el presidente le permitió reincorporarse a su exitosa actividad empresarial, después de que se pasara los tres años de la legislatura lamentándose amargamente de todo a lo que había renunciado para trabajar en San Caetano? De esto último hay infinitos testimonios.

A pesar de su dilatada experiencia como concejal y diputado en Cortes, Guerra no exhibió precisamente un especial talento para aceptar la crítica, mucho menos los reproches a su faceta empresarial. Se revolvía en su escaño cuando la oposición, incisiva, le afeaba que deslocalizara a Portugal su producción. Él replicaba que siempre tributó fiscalmente en España. Hoy reside en el Algarve.

La desafección parece que se tornó en rencor, e intentó articularlo la primera vez yendo contra Elena Muñoz en el congreso del PP de Vigo, siendo la exconselleira la candidata de Feijóo. Perdió. Ahora quiere reeditar su desplante al presidente gallego impulsando una fuga a Ciudadanos de medio centenar de afiliados vigueses, en una ciudad donde el PP supera los 6.000. Y de nuevo, igual que mientras fue conselleiro, parquedad con los periodistas, mensajes crípticos, oscurantismo. Habrá que ver si eso es compatible con el requisito naranja de estar todo el santo día en las televisiones impartiendo lecciones de buena conducta.

Última reflexión para este afán de Cs de captar a quienes abandonan el PP no por hastío con la corrupción y sus derivados, sino por insatisfacciones personales, como ya sucedió en Santiago con Javier Sánchez Agustino, fichaje supuestamente estrella (hoy desaparecido). Los cabreados nunca tejen un buen paño, porque del desencanto no nacen nuevas convicciones, sino impulsos revanchistas, arsénico para la política.

El tiempo dirá si el error de Feijóo no fue cesar a Guerra, sino haberlo nombrado un día.

José Luis JiménezJosé Luis Jiménez