Juan Soto - EL GARABATO DEL TORREÓN

Mondoñedo, algo más que tarta y tomates Juan Soto

Mientras agoniza, nadie allí parece preocuparse de activar la gran palanca de su potencial turístico

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Echaba a andar octubre y Mondoñedo, cabeza de antigua provincia, la más bella de las ciudades del universo lugués, recibía la visita de la Reina Letizia. Fue pocos días atrás y los papeles dieron cuenta de la regia presencia, arropada por el afecto popular. La crónica informa de los regalos que el municipio —ahora timoneado por una señora alcaldesa en confortable mayoría— ofreció a Su Majestad: tomates de cosecha local, la multicalórica tarta barroca y la consabida figura neosargadeliana.

Tengo para mí que, con excepción del regidor Luaces, el de la fiesta del árbol, los alcaldes de Mondoñedo, salvo excepciones, (y quien dice alcalde dice alcaldesas) nunca han llegado a entender la verdadera sustancia que nutre su ciudad, la distingue y la vivifica. Parece como si el cargo les viniese un poco ancho. Porque resulta que mientras Mondoñedo agoniza (y de eso se quejan siempre sus regidores, así sean de un partido o de otro) nadie allí parece preocuparse de activar la gran palanca de su potencial turístico, ergo económico. Mondoñedo no es ciudad de sol y playa, aunque el «mar ao norde» de Cunqueiro le quede tan solo a 25 kilómetros, que es la distancia que lo separa de Foz. Mondoñedo es ciudad de impresores pioneros, de escritores geniales, de excelentes músicos y de obispos sabios. Un cosmos encuadrado en un escenario natural que no tiene igual en Galicia y en el que se abriga un casco urbano de monumentalidad excepcional.

Habría sido buena ocasión la visita de la Reina (de cuya bibliofilia algo dijo la edición de «El doncel...» de Larra que regaló a su esposo cuando todavía no era Rey) para traer a la memoria de todos, alcaldesa incluida, que Mondoñedo es cuna, con Monterrey, de la imprenta en Galicia. Y que de aquí, de los tórculos de Agustín de Paz, salió el incunable del Tostado. Y junto con el recordatorio (y la tarta y los tomates y el sursum corda) obsequiar a Doña Letizia con algún símbolo mindoniense distinto a los de orden digestivo. Una buena encuadernación, por ejemplo, del «tumbo pechado» de la catedral, impreso por la Diputación lucense en reciente (y algo modesta, digámosolo también) edición facsimilar. Desde el cielo, don Enrique Cal, nuestro sabio amigo, habría aplaudido gozosamente el detalle.

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