José Luis Jiménez - Pazguato y fino

Luis Billares José Luis Jiménez

Casi es mejor que Galicia no conozca al candidato de la Marea

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Una de las principales preocupaciones de En Marea ante el adelanto electoral al 25 de septiembre era que, dada su incapacidad para ponerse de acuerdo, apenas les iba a quedar margen para dar a conocer a su candidato ante la sociedad. Visto lo visto en estas semanas de precampaña, casi es mejor que Galicia no conozca a Luis Villares, que se está destapando como un político rácano de ideas —muchas de sus novedosas propuestas ya existen o dejaron de existir por haber sido mejoradas— pero riquísimo en el cuestionable arte del insulto, una pobreza intelectual impropia de quien procede de una profesión letrada como es la judicatura.

De hecho, porque nos dijeron que era juez, que si no, a la vista de sus perlas dialécticas, podríamos pensar que nos encontramos ante un individuo pescado en una sala de billares, que ha abandonado momentáneamente la litrona y el cigarro y se ha subido al escenario para intentar arrancar unas risas a su rijosa audiencia con bravuconadas de tercera regional.

No oculto una cierta decepción ante alguien que se nos vendió como una especie de continuación de los «alcaldes del cambio», que podrán ser muchas cosas, pero no han sido nunca faltones ni deslenguados. El suyo era el discurso enrevesado de la izquierda rupturista, pero más plagado de circunloquios y jerga ininteligible que de ofensas gratuitas.

En apenas dos semanas Villares ha llamado a Feijóo «bacteria» o «vendedor de preferentes», le ha acusado de «dejar morir a gente» para cuadrar las cuentas públicas y «hacer política tóxica», al tiempo que le imputa haber dirigido «un gobierno miserable». Y todo esto sin despeinarse, aunque en el caso del candidato de En Marea eso resulte complicado.

Estábamos acostumbrados a que este papel de pajarraca malhablada lo protagonizara con su aquilatada soltura Xosé Manuel Beiras, desaparecido en combate aunque, como Chuck Norris, volverá a la primera línea de batalla cuando se le requiera. Pero el Beiras insultador —en plena forma incluso en la setentena— aún tenía el aval de una trayectoria académica e intelectual —con alguna telaraña que otra, pero la tenía—. A Luis, el de los billares, cuesta suponérsela. Mal discurso el suyo para aspirar a ser respetado por la mayoría ciudadana. Para ser candidato no necesita caer tan bajo. Ni siquiera para estar en la Marea.

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