Jóvenes de Trazo, en La Coruña,
Jóvenes de Trazo, en La Coruña, - MIGUEL MUÑIZ

Internet en el rural, el futuro llega más lento

La Xunta y el Estado volcarán 35 millones en extender el Internet ultrarrápido al rural gallego, donde la lentitud de la Red y el envejecimiento lastran la digitalización

SantiagoActualizado:

Consuelo sale de la puerta de su casa, como yendo al encuentro de unos vecinos que por otro lado no parecen estar allí, en una de las muchas aldeas que salpican las praderías de Trazo (La Coruña). Su finca está flanqueada por dos explotaciones de ganado y la carretera que lleva al pueblo alcanza en ese punto la transición entre el asfalto y la tierra. Su hijo hace tiempo que se emancipó: vive en Sigüeiro, pero sigue frecuentando la casa familiar, adonde un día llegó con una instalación de Internet a la que Consuelo ni prestó, ni presta demasiada atención. Para su nieto es como el comer. Se pasa, dice,«todo el día con los cacharros» entre las manos: pantallas a las que hay que nutrir de cobertura. Porque «ahora sin Internet no viven».

En efecto, el acceso a la Red es un servicio básico como cualquier otro. No ya por la inmensa ventana de información y ocio que provee el universo digital, sino porque los tiempos imponen la cita médica electrónica, la declaración de la Renta online, los libros de texto en la tablet, o la transacciones de fondos de la PAC con el teléfono móvil. Internet son «las carreteras del futuro», como las definió hace semanas AlbertoNúñez Feijóo, solo que a las parroquias despobladas y dispersas el futuro llega un poco más tarde, y bastante más despacio.

Planes y oasis

La Xunta se prepara para remediarlo.Dentro de su Plan de Banda Larga 2020, acaba de conceder una subvención a Telefónica para extender las redes ultrarrápidas a más 74.000 gallegos residentes en 181 ayuntamientos. Invertirá 14 millones de euros. En paralelo, el Gobierno central adjudicó en los últimos dos años 21 millones en ayudas para que 900 núcleos y 260.000 ciudadanos naveguen por Internet con alta velocidad. Europa manda: a finales de la década el objetivo marcado por Bruselas es que toda la población tenga acceso a redes de 30 Mbps o «megas», en el lenguaje comercial. De momento, en Galicia son seis de cada diez usuarios.

Muy pocos residen en lugares como Trazo. Solo algunos oasis como el colegio Viaño Pequeno se cuentan al margen. Desde hace un año, el centro dispone de 300 «megas» de velocidad y redes 4G, aunque hasta allí no llega la fibra óptica. Los alumnos de 5º y 6º de Primaria y el primer ciclo de ESO utilizan diariamente ordenadores portátiles en aulas informatizadas, pero el resto de los 220 estudiantes todavía aguardan el aterrizaje definitivo del libro digital. ¿Cuál es el obstáculo? «Que no todos los niños tienen Internet en sus casas. Ése es el problema. De 20 chavales, si uno solo no tiene Internet, no podemos», apunta José Ramón Rey, secretario de la escuela.

Trazo es uno de esos fenómenos típicamente compostelanos del rural tocando a las puertas de la ciudad. Apenas le separan 12 kilómetros del polígono del Tambre, el pulmón económico de la capital, pero su proximidad física no guarda relación con su desarrollo tecnológico. Y eso afecta también al Concello: «Como la definición de la crisis, lo nuevo no da llegado y lo viejo no acaba de arrancar, pues ahora estamos en una. Tenemos que convivir aún con el modelo viejo (el papel)», explica Manuel Soto, uno de sus funcionarios. En su mesa, sin embargo, se mueven cada vez menos formularios. «Llegará un momento en que todo sea digital, pero aquí tenemos una masa ciudadana que tiene la edad que tiene». La transición, reconoce, suele llegar siempre de la mano de la juventud, cuando los nietos de algunos vecinos o pequeños propietarios asesoran a sus abuelos ante la ventanilla digital.

Sucede lo mismo con las operaciones monetarias. Marcos Fernández, director de la sucursal de Abanca, comenta que «cada vez más gente» se lanza a los trámites en la banca electrónica. Su oficina es un pequeño muestrario de lo difícil que es conectar el rural en Galicia: la cobertura aparece y desaparece en un radio de 10 metros en el interior.

«Compromiso» empresarial

Quien conoce bien la complejidad del Internet en el rural es Mar Pereira, directora de la Axencia de Modernización Tecnolóxica de Galicia (Amtega). Bajo su mando está la ejecución de todos los planes, y también dar continuidad a algunos triunfos cosechados en el pasado, como hacer que 600.000 gallegos se pasaran a las redes ultrarrápidas. En una comunidad, Galicia, donde se concentran el 40% de núcleos de España, señala que es fundamental arrancar el «compromiso» de las operadoras, a quienes exigen garantizar acceso a la Red en el 85% de las localidades de menos de 5.000 habitantes. Pero la situación de Madrid, Cataluña o Valencia no es la de Galicia. Por eso, la Xunta y otras administraciones subvencionan hasta un 90% de las inversiones de las operadoras. «Es la más alta que se ha realizado nunca. No podemos olvidar que son empresas privadas que se mueven en un balance de coste y beneficios», sostiene Pereira, quien destaca el empeño público para abrir las autopistas de Internet con independencia de dónde provengan sus viajeros.