Galicia

Así se gesta una mayoría absoluta

Algunos de los máximos artífices del resultado histórico de los populares gallegos hablan para ABC de las claves de su triunfo del pasado domingo

El presidente de la Xunta en funciones, Alberto Núñez Feijóo, durante un mitin en La Coruña
El presidente de la Xunta en funciones, Alberto Núñez Feijóo, durante un mitin en La Coruña - PPDEG/DAVID CABEZÓN
DARÍO DOMÍNGUEZ - @ABCEnGalicia Santiago - Actualizado: Guardado en: Galicia

Desde el varapalo de las elecciones municipales de mayo de 2015, el PPdeG se vio obligado a hacer de la necesidad virtud. Así se embarcó en la renovación de sus cuadros; llevó a su líder de nuevo a la calle, y aprovechó la repetición de elecciones generales para empezar a sentar las bases de un triunfo cuasi quimérico. También así sacó ventaja del bloqueo a nivel estatal, para que Alberto Núñez Feijóo volviese a poner sobre la mesa el discurso de la estabilidad. El pasado 1 de septiembre, todavía con los ecos del «no es no» de Pedro Sánchez retumbando en los oídos de los españoles tras la investidura fallida de Mariano Rajoy, los populares gallegos se rebelaron contra la situación. «En Galicia sí» fue el lema elegido, y el punto de fuga del que saldrían todas las líneas de la campaña conservadora.

La frase encierra toda la filosofía de una batalla en la que Feijóo y los suyos se presentarían como un equipo cargado de propuestas en positivo, unido y con un proyecto que ofrecía a una Comunidad seguir siendo la única gobernada con una mayoría estable. La frase se convertiría en mantra, merced a la ya tradicional canción de Los Limones, que con su estribillo machacón fue haciendo mella hasta convertirse en objeto de canturreo de militantes, simpatizantes e incluso individuos ajenos al universo popular.

El eslogan se decidió poco antes de lanzarlo al público, y la formación trabajaba con dos más que hasta el final tuvieron opciones de ser elegidos. De hecho, no llegaron a ser del todo descartados y se emplearon como «ideas fuerza» en la segunda semana de campaña, y ambos constituyen una reivindicación de la labor de Gobierno de sus siete años. El primero de ellos era «mi discurso es mi trabajo», ya empleado en las semanas previas; y el segundo, «fálase facendo», para contrarrestar la inexperiencia de los rivales.

El gran líder

Era evidente que el PPdeG iba a plantear una campaña en la que hiciese valer la marca del candidato por encima de la del propio partido. La explicación es sencilla: Feijóo era, según los sondeos, el cabeza de cartel más conocido con mucha diferencia y el mejor valorado por los gallegos, avalado por su trayectoria y que dejó en estos dos mandatos la imagen de gestor gris para convertirla en la de un líder en sentido amplio. «Teníamos al mejor candidato, un hombre en la más plena madurez política, al que es normal que lo reclamen para otras responsabilidades más allá de Galicia», explica a ABC el secretario general y director de campaña, Miguel Tellado, quien concluye: «Pusimos a jugar en la liga autonómica a un internacional».

El presidente se humanizó en los últimos meses. Se llevó un banco azul a municipios del rural para conversar con los paisanos; se conoció su próxima paternidad, y volvió a ser por un día «o neto da Eladia» en una emotiva visita a su localidad natal de Os Peares, uno de los grandes momentos de la campaña para los populares.

En frente, la alternativa de un tripartito de izquierdas que provocaría que Galicia cayese en el desgobierno. El mensaje era, obviamente, interesado de parte de «la nécora» , pero la lucha cainita del PSdeG en sus primarias, el difícil parto de la candidatura de En Marea y un BNG que llevaba años en caída libre cargaban de argumentos a los estrategas del inquilino de Monte Pío. «Hicimos una campaña muy honesta y transparente. Evitamos caer en triunfalismos y responder a la lluvia de insultos de los que solo propusieron crispación y desalojar a Feijóo de la Xunta», apunta Tellado.

Atraparlo todo

El candidato se presentó, en términos politológicos, como un «atrapalotodo». Dejó de ser un aspirante del PP para convertirse en «un militante de Galicia» y se erigió en guardián del interés general de la Comunidad. De este modo, se lanzó directamente a por los votantes del PSOE y de Ciudadanos. A los primeros les ofreció una Xunta en la que sentirse identificados si se encontraban desencantados con el rumbo de su partido en los últimos años, especialmente al evocar la posibilidad de entregar San Caetano a los populistas, como habían hecho 15 meses antes con tres de las siete ciudades. Por su parte, ante los simpatizantes naranjas azuzó el miedo a que sus votos no se tradujesen en escaños —como había sucedido en las últimas generales—, y les pidió que fuesen coherentes con sus principio de no dejar que gobernasen las Mareas.

El PPdeG se distingue por ser un partido que atrae a votantes de amplio espectro ideológico, con un marchamo de galeguismo que impregna su ideario como signo distintivo. Este viraje de moderación también tuvo su impronta en el programa electoral, del que su coordinador, Pedro Puy, destaca que fue «elaborado por un equipo de 50 personas, con total autonomía desde Galicia y con una aportación de la sociedad civil mucho mayor de la prevista».

Ejército en las calles

Una campaña bien diseñada, un líder solvente o unos mensajes con pegada no son suficientes sin una legión que los defienda. Los populares destacan que, en estas autonómicas, el partido trabajó «como si fuesen unas municipales». En cada concello se movilizaron como partisanos —mención especial merecen lugares en los que un año antes se había perdido la Alcaldía por haberse «confiado»—, y al toque de corneta se agrupaban como ejército regular para grandes eventos como los mítines de la Plaza de Toros de Pontevedra, el primer sábado de campaña, donde se juntaron más de 12.000 almas para mandar un mensaje de fuerza a los rivales. El número dos del partido lo resume: «Ganamos porque todo el mundo tenía ganas de ganar».

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