Alberto Varela - CRÓNICAS ATLÁNTICAS

Gama de grises

Es muy atractivo decir eso de «hay que escarmentarlos», pero una mala relación con Gran Bretaña tendría efectos nefastos para Galicia

Alberto Varela
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El Brexit ha sido una canallada. Salvo los grupos más radicales de Europa —que lo han asumido como la hoja de ruta a seguir— casi todos estamos de acuerdo en calificarlo como un episodio para olvidar. Con él aprendimos hasta dónde puede llegar el populismo y ahora sabemos que tenemos que evitar que algo así se repita. Pero, ojo, de ahí a defender una ruptura «a la brava» con Reino Unido hay un abismo.

Es importante saber tragarse el orgullo, ceder en lo razonable y evitar soluciones drásticas que supondrían satisfacción a corto plazo, pero problemas a la larga. Los que piden venganza y reclaman una relación hostil con Gran Bretaña es que entienden la política como un telefilme o una novela épica y no como la ciencia de buscar el bien público. Es muy atractivo decir eso de que «hay que escarmentarlos», pero no podemos pasar por alto que una mala relación de la UE con Gran Bretaña tendría efectos nefastos para Galicia. Se ha hablado mucho del temor de nuestra pesca de quedarse sin caladeros importantes en el Gran Sol, pero sería también problemático gravar los productos comunitarios para poder entrar en el país- ahora que las exportaciones van tan bien- o ponerle problemas burocráticos a los miles y miles de gallegos que viven y trabajan en Edimburgo, Manchester o Cardiff.

Defender un Brexit blando no significa claudicar ante los británicos, sino defender nuestros intereses. Es cierto que irse de la Unión Europea no puede ser igual a quedarse y que los países miembros tienen que tener ventajas frente a los que no lo son, pero no caigamos en la trampa de los que no tienen interés alguno en el Reino Unido y pretenden convertirlo en enemigo. Vamos a salir adelante con o sin Londres, y si Noruega o Suíza son aliados, los británicos también pueden serlo.

Entre el blanco y el negro hay una amplia gama de grises —y algunos hasta son bonitos— y en este caso sólo tenemos que escoger el que mejor el vaya a la Europa del futuro. El drama queda para el cine.

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