José Luis Jiménez - Pazguato y fino

Galicia ya tiene su «cobra» José Luis Jiménez

Era necesario abandonar el estado de esquizofrenia en que estaba instalado el Parlamento durante la pasada legislatura

Feijóo junto a su madre al finalizar la sesión de investidura en el Parlamento gallego
Feijóo junto a su madre al finalizar la sesión de investidura en el Parlamento gallego - MUÑIZ
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Maliciemos, que de eso se trata. Al debate de investidura le faltaba su penalti no pitado, la jugada polémica, y nos la regaló Ana Pontón negándole dos besos a Alberto Núñez Feijóo en el momento de felicitarle por su elección como presidente de la Xunta. Mucho mejor dar la mano, consideró la dirigente nacionalista dando incluso un paso para atrás. Una «cobra» en toda regla, ahora que está tan de moda la expresión. La anécdota no es sino la metáfora de lo vivido ayer en el Parlamento: un Feijóo dispuesto a darle cariño a la oposición dejando atrás las ruidosas diferencias del pasado que, sin embargo, es rechazado con cajas destempladas para mantener las distancias.

Es cierto, y así lo apuntó el reelegido presidente de la Xunta, que se aprecia un cambio en las formas de los discrepantes. Era necesario abandonar el estado de esquizofrenia en que estaba instalado el Parlamento durante la pasada legislatura. Algo es algo. Aunque al menos hay dos formaciones con las que se vislumbra poca opción de entendimiento: un BNG necesitado de exhibir dureza contra el PP para fortalecer su débil reconstrucción interna; y una Marea que prefiere rentabilizar su «no a todo» como mantra vital. Ayer vimos a una Ana Pontón quizás menos sólida que otra veces, pero demostrando que sabe hilar un discurso. Villares confundió el Parlamento con un tribunal de oposiciones. Los temas los recita con presteza aunque escasa eficacia. El buen parlamentario está todavía por fraguar.

Dentro de la espesa lección de economía del socialista Fernández Leiceaga hay motivos para la esperanza. Tuvo crítica, reprobación de la gestión anterior, pero expuso puntos de encuentro con un Feijóo al que no le pasó desapercibido el gesto. Es difícil radiografiar al PSdeG de hoy, porque mañana bien pudiera cambiar por completo. Pero si esta va a ser la actitud, el cambio merece elogio. Por sus hechos los juzgaremos. Y quizás sobró ese agradecimiento de Feijóo a la abstención del PSOE en el Congreso, una mención a la soga en la casa del ahorcado. Ahí está el último CIS.

El rechazo cerril a la gestión de Feijóo tuvo mala digestión en las pasadas elecciones autonómicas de 25-S. La sociedad está cansada del pataleo. Quizás la oposición debería ensayar otro modo de realizar su labor, sin que esto signifique alfombrarse al Ejecutivo ni desnaturalizar su papel crítico. A veces, hasta es bueno aceptar dos besos.

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