Galicia

Entre fogones no existe el paro

El Centro Superior de Hostelería de Galicia cuenta con una ratio de inserción laboral de entre el 80 y el 100 por cien. De sus cocinas han salido los equipos de varias estrellas Michelin

Los alumnos del centro, en una de sus prácticas
Los alumnos del centro, en una de sus prácticas - CEDIDA

A apenas cinco kilómetros de Santiago se erige un centro de estudios en el que nadie habla de los índices de paro. Sus alumnos —unos 400 por curso— no tienen ante sí un futuro laboral incierto que los obligará a sacar los codos para acceder a su primer puesto de trabajo, porque las ratios de inserción de su escuela oscilan entre el 80 por cien y el 100 por cien, unas cifras impensables en casi cualquier profesión. Este oasis en el que vocación y disciplina van de la mano es el Centro Superior de Hostelería de Galicia (CSHG), una escuela de negocios donde se imparten dos titulaciones. La primera de ellas, el Diploma Superior de Gestión Hotelera, es equivalente a un grado universitario de cuatro años y para acceder a él los candidatos deben aprobar las pruebas de acceso a la universidad. La otra titulación que oferta el CSHG es el Diploma en Gastronomía y Gestión de Cocina, una formación de dos años para la que no es preciso superar la selectividad.

Al margen de la pasión que todos los aspirantes deben sentir por la rama hostelera, es requisito imprescindible que los candidatos pasen una pruebas de selección interna. Estos exámenes previos consisten en un test de cálculo y otro de idiomas, además de una entrevista personal y una prueba de aptitud. «Hay unos mínimos para acceder y algunos se quedan fuera», explica en una charla con ABC la directora del centro, Marta Fernández. Si son elegidos, los alumnos deberán afrontar unas matrículas que van desde los 6.800 euros por año en el caso del Diploma de Gastronomía y que llegan a los 7.500 en el Diploma de Gestión Hotelera. «Algunos los pueden considerar baratos y otros caros, pero deben verse como una inversión», ataja decidida la directora del CSHG para reconocer que «a mí me llaman cada día para pedirme cocineros y no tengo, porque la inserción de nuestros alumnos es casi total».

Galicia, un caladero

Las claves que explican el éxito de esta escuela nacida en 1993 al amparo del Gobierno gallego son variadas. Por una parte, la exigencia con la que se trabaja en las instalaciones de centro de A Barcia parece convencer a la treintena de grandes cadenas hoteleras que cada curso viajan a Galicia para fichar a jóvenes estudiantes. «Los últimos han sido los de Marriot, que se han llevado a 50 alumnos para hacer prácticas», resalta Fernández. En su nómina de empresas colaboradoras figuran también nombres como Barceló Hotels, Hilton, The Ritz-Carlton, Starwood Hotels & Resorts, Sheraton, Paradores de Turismo, Four Seasons, Hoteles Palafox o Riu Hotels. Uno de los objetivos de la formación que se imparte en el CSHG es que los estudiantes conozcan de cerca la esfera laboral a la que pretenden acceder, por lo que se realizan prácticas desde el primer año. Desde las cocinas de los hoteles a la recepción e incluso a la propia administración, cada estudiante rotará por diferentes puestos a lo largo de toda su formación hasta finalizarla con una experiencia acumulada de más de 15 meses. «Y eso las cadenas lo valoran», apostilla Fernández. «También tienen en cuenta la humildad que caracteriza a nuestros estudiantes, que salen de aquí con un nivel de madurez mayor que la media», subraya.

Como ejemplo de los éxitos alcanzados en las últimas dos décadas, Marta Fernández confiesa que hace poco más de un año elaboró un mapamundi en el que hay un puntito por cada estudiante salido del CSHG que está trabajando en alguna parte del mundo. «Y está completamente lleno», asegura convencida de que factores como el estricto código de vestimenta que sus alumnos deben cumplir o las exigencias en cuanto a horarios son fundamentales para que triunfen en una profesión tan competitiva. «A clase se va en traje. No es una frivolidad, es que tienen que saber que ese será su uniforme de trabajo», pone Fernández como ejemplo. Además, si un estudiante suspende una asignatura debe repetir curso.

Casos de éxito

De la disciplina de este centro saben mucho algunos de sus antiguos alumnos. Es el caso de Alberto García, del restaurante Silabario y de cuya chaquetilla cuelga una estrella Michelin. O el de Rosana González, actual directora del Hotel Meliá Vichy Catalán. Ella salió de la escuela haciendo prácticas en la misma cadena en la que ahora dirige un hotel. «Fue todo una evolución, desde que entré en el centro en el 94 hasta hoy en día. Tienes que esforzarte y sacrificarte si quieres conseguir algo y sabes que en esta profesión se abre los 365 días del año. Yo me cogía el tren desde Burgos para venir a estudiar a Santiago y fueron de los mejores años de mi vida. De hecho, once años después los profesores todavía recuerdan nuestros nombres porque somos una gran familia», explica.

La receta del éxito

La directora del centro también enfatiza la cercanía con la que se desarrolla la formación de los futuros hosteleros. «Hay prácticas en las que hay un docente por cada seis alumnos y eso permite muchas cosas», apunta a sabiendas de que los ingredientes de esta receta de éxito van más allá del propio trabajo en las aulas. «En lo tocante a los cocineros estamos viviendo un boom increíble. La cocina está de moda y Galicia, a efectos gastronómicos, también», afirma la directora para seguir agregando condimentos a esta olla rebosante.

«Esto coincide con que el sector hotelero ahora mismo necesita de profesionales muy bien formados. Hay que tener en cuenta que el sector turístico es un motor económico para nuestro país y que muchas cadenas hoteleras se encuentran en plena expansión. Incluso hay territorios que están invirtiendo mucho en creación de plazas hoteleras y eso implica que necesitan equipos humanos con una preparación sólida», resaltan desde la dirección de esta escuela gallega con fama internacional. Sus alumnos llegan de todos los puntos de España y también de Portugal. El objetivo a medio plazo ahora está puesto en atraer a jóvenes de Sudamérica. Y los argumentos para cruzar el charco parecen contundentes.

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