Crisis en el PSdeG La guerra ficticia entre las bases y las élites del socialismo gallego

Los críticos rechazan una pugna entre militantes y dirigentes y exhiben sus apoyos para combatir las acusaciones provenientes de los leales a Sánchez

Pilar Cancela, presidenta de la gestora del PSdeG
Pilar Cancela, presidenta de la gestora del PSdeG - M. M

Las lealtades en el PSdeG son de ida y vuelta. Los últimos acontecimientos en la sede federal provocaron un reagrupamiento basado en la lucha por la supervivencia personal. Nada tienen que ver las tomas de posición con la existencia de «dos almas del PSOE» o con «debates filosóficos sobre el movimiento obrero». Sin embargo, en ambos bandos sí que se utiliza como excusa para enfrentarse la vieja dicotomía entre «las élites y las bases» y también las posibles alianzas con la izquierda populista frente al «no a Mariano Rajoy».

En la contienda se enfrenta la gestora presidida por Pilar Cancela —y vigilada por Besteiro— y los críticos, liderados por el alcalde de Vigo. Y en ambos frentes se agolpan veteranos dirigentes que acumulan experiencia en cargos institucionales y orgánicos. Resulta especialmente llamativo el caso de la dirección donde «los notables» se agolpan a pesar de promover la renovación y el cambio generacional. Todos apoyaron a Xoaquín Fernández Leiceaga en nombre de las bases y todos aluden a la militancia para rodear a Pedro Sánchez. Sin embargo, nombres como el de Luis Ángel Lago Lage o Modesto Pose son históricos. Nunca despuntaron, pero siempre ocuparon cargos institucionales intermedios bien remunerados. Ahora se suman al «no a Rajoy» y al «sí a las bases y a Cancela». La nómina la completan el veterano alcalde de Culleredo, Julio Sacristán y el alcalde de As Pontes, Valentín González.

«Mirar hacia la izquierda»

Estos dirigentes, que rodearon a Leiceaga e invocan a la militancia, también apelan a los valores de la izquierda y se muestran partidarios de pactos con el populismo. Sin embargo, sus resultados electorales son desiguales. Incluso, los nuevos valores como el presidente de la Diputación de La Coruña, Valentín González, tienen un perfil centrista y no dudaron en elogiar la gestión económica de su predecesor del PP. También es llamativo que en el grupo provincial de la Diputación coruñesa no haya espacio para las mujeres.

En medio de estas contradicciones, la «alianza táctica» para aupar a Leiceaga se resquebraja. El candidato a la Xunta mantiene un estudiado silencio y sus colaboradores mantienen una actitud ondulante. En el último Comité Federal, el pontevedrés Antón Louro votó contra Sánchez, y previamente, según confirmó ABC, personas muy próximas a Leiceaga confesaron a responsables de la agrupación local de Vigo su «disconformidad con la gestora» y con «los efectos de las visitas de Sánchez a Galicia durante la campaña».

Pero al margen de las deserciones que puedan producirse en el bando ganador de las primarias, el bando de enfrente permanece unido. Tanto Abel Caballero, como la presidenta de la Diputación de Pontevedra, Carmela Silva, mantienen una «relación permanente y fluida» con los dirigentes orensanos, con la coruñesa Mar Barcón, o con la ferrolana Sestayo. Todos ellos rechazan de plano «las etiquetas prefabricadas de élites contra las bases» y ejemplifican con nombres concretos los nuevos dirigentes que se reconocen bajo el apelativo de los críticos.

Sin esconderse en el anonimato y bajo la etiqueta de «un PSOE ganador» comparecen públicamente la compostelana Mercedes Rosón, el monfortino Vicente Docasar, el coruñés Ton Padrón, la alcaldesa de Porriño, Eva de la Torre, la diputada en Cortes por Lugo, Margarita Pérez Herraiz o el miembro de la ejecutiva provincial de La Coruña, Marcos Ramos, y así hasta completar una lista de nombres «que evidencian la falsedad de que los críticos somos las élites y los demás las bases», apuntan fuentes socialistas.

La dicotomía entre bases y élites también molesta a dirigentes como Laura Seara. La coordinadora de Organización de la gestora instó en encuentros privados con distintos militantes a rechazar esas etiquetas. Seara es especialmente vehemente cuando se acusa a los socialistas de entregar el poder a Rajoy «porque es mentira y no puede calar en la opinión pública». A propósito de esta consigna, los seguidores de Sánchez en Galicia utilizan la posible abstención de los socialistas en la futura investidura de Rajoy como una forma de diferenciarse. Un ejemplo significativo es el de la diputada Rocío de Frutos, quien avanzó que no se abstendrá para que el candidato del PP se convierta de nuevo en presidente del Gobierno. Por el contrario, es llamativo que el veterano diputado y alineado con la gestora, Guillermo Meijón, guardase silencio y no avanzase el sentido de su voto.

Quien no está preocupado por el debate entre «lo viejo y lo nuevo» es el alcalde de Vigo. Abel Caballero sostiene que la única diferencia es entre los que ganan y pierden elecciones. El regidor vigués confesó a sus colaboradores que «el PSOE se enfrenta a su reconstrucción y que no puede entrar en polémicas estériles».

En medio de estas discusiones alimentadas por los deseos de supervivencia, el PSdeG enfrenta una semana decisiva. La guerra interna prolonga la interinidad de Cancela, quien no cede a la presión y no abandona la dirección gallega. Tampoco se prevé una actuación inmediata de la gestora federal y todo vuelve a depender de un comité federal sin fecha.

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