Rivera y Juan Girauta con Losada en el cierre de campaña de las autonómicas 2016
Rivera y Juan Girauta con Losada en el cierre de campaña de las autonómicas 2016 - EFE

Ciudadanos Galicia, episodio tres

La formación naranja rearma su discurso y renueva su estructura tras los errores cometidos en el pasado

SantiagoActualizado:

La proyección pública de Ciudadanos en Galicia establece ciertos paralelismos con una trilogía. Hubo una primera parte que se estrenó en las municipales de 2015, en las que cosechó, además de 28.300 votos, tres actas de concejal en las ciudades de Lugo, Pontevedra o Ferrol. Más tarde, en la resaca de varios conflictos internos, se proyectó la segunda, quizá la más amarga. La protagonizó Cristina Losada, candidata a las autonómicas de 2016, y deparó el fracaso del partido a la hora tanto de conseguir escaño en el Parlamento como de obligar al PP a hincar la rodilla para gobernar por tercera vez. El tercer episodio llega ahora, con una formación instalada en las ganas por conquistar la calle, forjar una estructura, y hacerse un hueco en el tablero político de la Comunidad.

Esos son los horizontes, señalan desde la dirección autonómica de los naranjas, a los que hay que sumar el hándicap de haberse quedado fuera de los salones de O Hórreo. «El no tener representación autonómica no nos para, sí nos hace las cosas más difíciles, pero de la dificultad se aprende», expone la portavoz gallega, Olga Louzao, que compagina su labor como concejal en Lugo con la tarea de sacar a Ciudadanos del segundo plano. Trabajan, dice, concello a concello, «más de lo que los medios se hacen eco», mientras elaboran «un programa con propuestas claras y concisas» a los problemas de esa Galicia que, hasta el momento, no les ha dado pie a poner en apuros al resto de alternativas.

Ese aggiornamento, una esperada revitalización del partido, pasa por varios puntos. El primero, por terminar de configurar los órganos internos. «Nos encontramos al 80 por ciento, pronto cerraremos el círculo», precisa Louzao. Pero también, por adaptarse a un nuevo reglamento que cede a la cúpula de Madrid la potestad para designar al portavoz en Galicia, igual que en el resto de territorios. El influjo del equipo de Albert Rivera, aún así, no preocupa al aparato autonómico, que se siente tan respaldado como libre. «La dirección de Ciudadanos nos apoya, nos ayuda y nos aconseja, pero nosotros somos los que analizamos los problemas y los que planteamos soluciones», matizan.

Respuesta a los errores

Fue la búsqueda de un perfil propio uno de los grandes obstáculos en el pasado. En los comicios autonómicos, Ciudadanos tuvo que responder a quienes le reprocharon su falta de programa, en cierta medida tratando de evidenciar la ausencia de compromiso con la realidad de Galicia. «Fue una crítica injusta», afirma Cristina Losada, haciendo memoria de su experiencia como cabeza de cartel. «Especialmente el PP la quiso explotar a su favor, pero no era para nada cierto». La periodista, hoy completamente alejada de los círculos orgánicos, señala el problema de la visibilidad como una de las claves de aquella insatisfacción: «El partido había conseguido concejales, pero no había tenido proyección», sostiene.

Ahora, por si persisten las dudas, Ciudadanos echa mano de las raíces. Somos «gallegos y gallegas», reivindica Louzao: «La galleguización para unos consiste en hablar gallego, mantener su estatus, su poder y que Galicia no evolucione, pero para nosotros es que se desarrolle (…). Si de lo que se habla de galleguizar a través de la lengua, no tenemos ningún problema, pero dejando claro que la cultura y el idioma pertenecen a los gallegos, no a los partidos, como nos han hecho creer históricamente».

Pero el factor Galicia no lo explica todo. La organización se vio salpicada por escándalos disciplinarios como los que llevaron al exdiputado Antonio Rodríguez a dar un portazo, después de que en Madrid decidieran no incluir su candidatura en la repetición de las elecciones generales. Aquel proceso supura todavía para este antiguo militante en Ames. En conversación con ABC habla sin ataduras de «corrupción», «gangsterismo» y «amenazas» contra su imagen. «Me atacaron. Se saltaron la decisión de las primarias en La Coruña, el único sitio donde podían sacar diputado, y quisieron poner a un amigo. Estamos en lo peor de la vieja política», dice.

Rodríguez señala directamente al responsable de Organización, Fran Hervías, y al vicesecretario general, José Manuel Villegas, como los muñidores de una operación que, según su relato, contó con la aquiescencia de los dirigentes actuales de Galicia: «Toda esta gente que está ahora ahí sabe cómo es el partido», sostiene.

Los retos

Ciudadanos, con todo, ya se ha puesto manos a la obra en la captación de nuevos cuadros. El reto son las municipales de 2019, a las que llegarán con la voluntad de aumentar los 16 concejales logrados hace más de dos años. Louzao detalla la disposición a buscar líderes «que quieran compartir con nosotros» un proyecto y unas listas que elaborarán, avanza, «sin prisa pero sin pausa».

Entre ellos no estará el que fuera exportavoz autonómico y aspirante a la alcaldía de Santiago, Javier Sánchez Agustino. Se autodescarta «al cien por cien», a pesar de seguir colaborando con el comité autonómico. El abogado compostelano es optimista: «Caemos bien», subraya. Y lo dice, entre otras razones, por la «corriente de opinión favorable» que llega desde Cataluña, donde la formación nació como respuesta a la hegemonía del nacionalismo.

Pero no solo. Agustino cree que el calendario despejado de convocatorias electorales ayudará a la regeneración interna, y a la construcción de un discurso que, desde su punto de vista, debe acabar con la tendencia a presentar a Ciudadanos como una muleta de otros. «Ser llave de gobierno para mí no es objetivo. Ciudadanos tiene que presentarse con un programa diferenciado. Nuestra aspiración es gobernar y cada día nos queda menos», agrega. Louzao, al contrario, no ve con malos ojos la meta: «Sabemos que un gobierno con control es, por definición, mejor que un gobierno sin control».