Galicia

El «Binge Drinking», una moda al límite

Lo último en botellones consiste en beber elevadas cantidades de alcohol en un período muy corto de tiempo

Dos jóvenes, rodeados de los restos de un botellón en una calle de La Coruña
Dos jóvenes, rodeados de los restos de un botellón en una calle de La Coruña - MUÑIZ

Siete de cada diez menores gallegos han consumido alcohol en el último año. Un 20 por ciento reconoce que bebe de manera abusiva y el 30 por ciento de los que tienen entre 14 y 18 años confiesan que se han emborrachado, al menos una vez, en el último mes. Pero las estadísticas sobre el consumo de alcohol en Galicia van más allá. Aunque un poco por debajo de la media estatal, la juventud gallega frecuenta los botellones cada fin de semana, como una suerte de quedada socializadora. Porque a pesar de que la Xunta prohibió el consumo de alcohol en la calle en 2008, seis de cada diez estudiantes de entre 16 y 18 años participan habitualmente de estos encuentros donde la única finalidad es beber hasta perder el control.

La restrictiva legislación gallega y las ordenanzas municipales de muchos concellos han trasladado el problema de las calles y parques más neurálgicos a descampados más alejados del control policial y a los siempre disponibles pisos de estudiantes. Esta es la radiografía de la relación que los jóvenes gallegos establecen con el alcohol. Un nexo que empieza a fraguarse desde muy jóvenes —en ocasiones al filo de los 12 años— y en el que las mujeres empiezan a tomar la delantera a los hombres. En el caso de Galicia, los datos evidencian que la edad de iniciación se sitúa en unos imberbes 14 años.

Desde la Confederación Gallega de Ampas, su presidenta asegura que el botellón es una realidad que preocupa a los padres y, por momentos, los supera. «Estos últimos casos (habla de la niña de 12 años fallecida en un botellón en Madrid) han generado alarma entre los padres. Nadie quiere que lo llamen para decirle que su hijo tiene un coma etílico, pero como padres no llegamos a controlar lo que nuestros hijos hacen cuando salen a la calle». María José Mansilla mete el dedo en la llaga al denunciar que la compra de bebidas alcohólicas por parte de los menores sigue estando a la orden del día.

Alcohol al alcance de todos

Hacerse con una botella de vodka o de ron es en ocasiones tan fácil como entrar en la tienda y pagarla, pese a que la ley recoge multas de hasta 600.000 euros para quienes suministran este tipo de sustancia a menores. Esta realidad no le es ajena a la administración. Desde la Xunta, el subdirector general de Programas de Fomento de Estilos de Vida Saludables, Jorge Suances, asegura en una charla con ABC que se han detectados casos en Galicia en los que los tenderos ofertan packs de bebidas preparados para que los jóvenes se emborrachen el viernes noche. Suances también explica que el peligro de estos consumos, más allá de los riesgos que de por sí entraña el alcohol, se potencia con una moda llegada de los países de centroeuropa que anima a los muchachos a beber mucho en muy poco espacio de tiempo.

Se llama «Binge Drinking» y el año pasado obligó al ingreso hospitalario de once menores gallegos y a la atención urgente de más de 400, según los datos del 061. Todos los agentes consultados coinciden en que para evitar este tipo de consumos irresponsables —que en un organismo en desarrollo como el de un adolescente pueden llevar a la muerte— es necesaria una estrategia acertada de sensibilización. Sin embargo, los mensajes para prevenir el consumo de alcohol no acaban de calar. Encuestas recientes aseguran que los jóvenes de la Comunidad sí perciben el peligro de las drogas o el tabaco, pero no son conscientes de los riesgos de pasarse la noche con el vaso en la mano. «Estos chicos —explica Mansilla— están en una edad en la que lo que digan los amigos está por encima de los que digamos los padres y por eso, en ocasiones, nos sentimos sobrepasados». La Valedora do Pobo, Milagros Otero, recoge el guante de las familias. «Este no es un problema solo de los padres, nos afecta a todos y parece que la simple teoría se queda coja. Está muy bien hablar de los riesgos, pero la práctica puede ayudar mucho. Poner a los jóvenes en contacto con asociaciones de exalcohólicos, por ejemplo, puede ser una buena medida», incorpora Otero en una conversación con este medio.

Un hábito tolerado

Con la llegada de las fiestas navideñas, la permisividad social con el alcohol se agudiza. Es uno de los temores que pone sobre la mesa el subdirector de Programas de Fomento de Estilos de Vida Saludables. «Ahora que llegan las navidades no será infrecuente que a un chaval se le deje probar una gota de champán. Eso se traduce en un mensaje, el de que alcohol no es tan malo porque hasta los mayores me lo dejan probar. Es un mensaje de tolerancia», alerta el experto. Esta problemática, la de la permisividad mal aplicada, empata con otra que tanto los padres como las administraciones tienen muy presente, el ocio de los jóvenes. Las Ampas se quejan de que sus hijos no disponen de alternativas para llenar su tiempo libre que los alejen del alcohol y la Valedora adelanta que ya están trabajando en proyectos de ocio alternativo (DJs, deportes o fiestas informáticas) donde la botella no concentre todo el protagonismo.

Entre tanto, y conscientes de que el camino por recorrer es largo, desde la Xunta apelan a la responsabilidad de los más jóvenes cuando presencien una intoxicación etílica. «Que llamen siempre a emergencias. Remedios caseros como echar agua fría son contraproducentes. El alcohol es un vasodilatador importante, con lo que si mojas a alguien el riesgo de hipotermia es elevado y en los hospitales se ven muchos casos», argumentan sabedores de que una intervención a tiempo puede impedir nuevas muertes, tan prematuras como inconcebibles.

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