José Luis Méndez Romeu - VER EL BOSQUE

Basta escuchar para saber el camino

Si la coyuntura económica es buena, ¿no deberíamos esforzarnos en aprovecharla?

José Luis Méndez Romeu
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«La economía gallega, al menos en sectores con valor añadido, está en el mejor momento de su historia», dicen empresarios, añadiendo, «a condición de salir fuera y ser muy competitivos», es decir, con las mismas reglas del mercado global. Si se les pregunta por los apoyos de organizaciones empresariales o de las Administraciones, matizan mucho sus palabras: «Muy bien muchas de las patronales sectoriales, mal la Confederación y organizaciones similares». o «muy bien el ICEX (Ministerio de Industria), tiene delegados comerciales en los principales mercados que conocen el terreno y paga las subvenciones prometidas con celeridad. Mal el IGAPE (Consellería de Economía), que escucha pero llega tarde o no está y cuyas subvenciones no tienen fecha de percepción, está muy burocratizado». La opinión sobre la red PEXGA todavía es más crítica.

Salvando el optimismo que se desprende de la primera afirmación, impensable hace sólo dos años, las demás críticas son recurrentes desde hace tiempo, sin que se hayan adoptado las medidas pertinentes. Como son empresas que consiguen contratos en el exterior, también conocen las políticas empresariales de otros países, que repiten a modo de letanía: elegir bien los mercados donde actuar, fomentar el mayor tamaño o la agrupación de empresas para facilitar el acceso a contratos más importantes, reducir cargas burocráticas, etc.

Son empresarios sin tiempo para quejarse, con lucidez para aprovechar el momento y con suficiente formación para moverse en cualquier contexto. No se lamentan por las deficiencias de la Administración, sólo las comentan si el interlocutor indaga.

El extensísimo documento, 218 páginas, sobre política exterior de Galicia, que ha sido aprobado recientemente, no da respuesta a esos problemas que parece no conocer. En su lugar divaga sobre numerosas cuestiones, algunas sorprendentes. Así se interesa por la llegada de alumnos extranjeros a la enseñanza superior, pero una mirada a las estadísticas revela datos contradictorios. La presencia de alumnos extranjeros en nuestras universidades, unos dos mil entre las tres universidades gallegas, es sensiblemente inferior a la de otras Comunidades españolas y si se compara con Portugal humillante, menos de la mitad del número de extranjeros que en las universidades del otro lado del Miño. Aquí son las universidades gallegas las que alzan su voz: dificultades burocráticas con visados y permisos.

La autonomía política existe precisamente para resolver esos problemas aunque en Cataluña lo hayan olvidado. Administración eficiente, proactiva, liderazgo en la captación de inversiones de capital, de nuevo simbólicas en Galicia, presencia en el exterior ligada a esos objetivos, etc. Si la Xunta, con mayoría absoluta aquí y respaldo en Madrid, no logra mejorar la competitividad de los sectores citados, no será por falta de competencias o de funcionarios. Sólo cabe pensar que no comparte su importancia y por tanto no se aplica a resolverlos.

Los informes aguantan todas las opiniones pero la realidad es tenaz. Más allá de la lluvia de millones que cada semana la Xunta parece derramar sobre el país, verdadero artificio contable que no cabe sino admirar, los problemas se hacen endémicos. Si la coyuntura es buena, como dicen las voces citadas al comienzo, ¿no deberíamos esforzarnos en aprovecharla?

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