Joaquín Guzmán

XXIII Punto de encuentro. Valencia, capital del arte sonoro Joaquín Guzmán

El festival cuestiona una forma de escucha demasiado estereotipada por parte del espectador, moldeada por las normas establecidas en los siglos precedentes

Imagen del cartel del festival
Imagen del cartel del festival - ABC
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Durante este mes de noviembre se ha celebrado el XXIII Festival Internacional de Arte Sonoro y Música Electroacústica “Punto de encuentro” en diversas sedes repartidas por nuestra ciudad además de otras ubicadas en Madrid, Granada y Málaga. Es un festival organizado por la Asociación de Música Electroacústica y Arte Sonoro de España (www.amee.es) que, comisariado por Ferrer-Molina y Victor Aguado Machuca y con clara vocación de hacerse presente en el panorama cultural español, tiene por finalidad mostrar el estado de salud de la creación sonora experimental, tan comprometida con la innovación estética y tecnológica. Han colaborado en su celebración, además del Ministerio de Cultura y la SGAE, numerosos organismos entre los que destacan en nuestra ciudad la Facultad de Geografía e Historia, la de Bellas Artes, y sobre todo el Consorci de Museus, ya que su Centro del Carmen ha albergado instalaciones sonoras y tres días de conciertos.

No se puede negar que “Punto de encuentro” tiene un trasfondo reivindicativo y crítico. Reivindicativo de las nuevas formas sonoras que pretenden modificar los inalterables clichés y el conservadurismo, todavía reacio a la evolución en la forma de idear, programar y producir nuevos sonidos artísticos. También de cuestionar una forma de escucha demasiado estereotipada por parte del espectador, moldeada por las normas establecidas en los siglos precedentes. A la vez esa reivindicación es una crítica indisociable de la primera, puesto que el mundo de la creación sonora actual ve cómo sus propuestas no acaban de penetrar en los auditorios y en las programaciones habituales a trasvés de sus estructuras organizativas e institucionales públicas.

Programación

Hablar de todo se hace imposible, puesto que ha habido más de 100 actividades a cargo de más de 50 artistas, la mayoría de ellos socios de la AMEE, pero también provenientes de la escena internacional gracias al apoyo de Acción Cultural Española, como Guy Marc Hinant, productor del prestigioso sello discográfico "Subrosa". La programación hizo especial hincapié en presentar obras de formato no convencional, como instalaciones sonoras, performace, conciertos para sistema octofónico o videocreaciones con electroacústica en vivo, como la del profesor de Berklee Valencia Pierce Warnecke.

Pero no todo es electrónica, video e instalación, y los instrumentos tradicionales también tienen cabida, puesto que el arte sonoro no pretende una ruptura absoluta con el pasado, sino una evolución natural de la creación hacia nuevos territorios de la expresión. Así pudimos disfrutar de la participación de los clarinetistas Miguel Ángel Marín y Angélica Rodríguez, así como de la saxofonista Xelo Giner en una de las obras presentadas por el veteranísimo compositor norteamericano Phill Niblock, pope del minimalismo drone de Nueva York.

La ópera es una forma musical cuyos orígenes hay que buscarlos en el siglo XVII, pero que su evolución ha permitido emplearla para toda clase de mensaje musical. Y esta tampoco ha faltado en esta edición con El Doctor, de Ivo Medek, sobre cuentos de Anton Chejov, con la participación de la soprano Estíbaliz Ruiz, el tenor Kike Llorca y el barítono Fernando Piqueras, junto con el Ensemble Col Legno, todos bajo la dirección musical de Robert Ferrer y los decorados de Mercedes Peris.

De forma paralela a estas actuaciones, en la Sala Josep Renau de la Facultad de Bellas Artes se ha desarrollado una exposición que vincula los creadores de tecnología a los artistas. Es lo que podríamos denominar “Arte electrónico”. La Colección BEEP es una de las más importantes en este campo que existen en Europa y puede visitarse hasta el día 3 de marzo de 2017. La exposición reúne obras realizadas empleando nuevos medios como la robótica, el net art, el bioarte, y se trata de una reflexión sobre la realidad artística en plena era tecnológica. Si el arte es reflejo de cada época, el axioma nos debería conducir a afirmar que éste debería ser el arte de nuestro tiempo.

Violín y electroacústica

El viernes 18 de noviembre, en la sede de la SGAE, tuvimos la suerte de asistir al concierto para violín y electrónica en vivo a cargo de la excelente violinista neoyorquina Sarah Goldfeather con distintas obras compuestas para la ocasión. En Gravitació, Miguel Ángel Berbis acopló un acelerómetro al arco del violín, que produjo, al momiviento de éste, la activación de un programa informático que generó sonidos que acompañaron al original del instrumento. Stefano Scarani en One Step of Fire, activó en su ordenador, siguiendo su partitura, procesos para transformar el sonido del violín, como una inmensa reverberación que afectó selectivamente a algunos pizzicati. Pedro Linde, con su Rondó Prometeo, dio a la violinista instrucciones para que, a través de una partitura “gráfica”, intervenga sobre una pista pregrabada, dejando libertad a la instrumentista para elegir las notas que estime oportunas según el sonido que percibe. El minimalismo norteamericano, con clara influencia de Steve Reich, vino de la mano de la obra de Julia Wolf “With a Blue Dress On”, en la que pudimos apreciar claras influencias de raíces folk y bluegrass y en la que incluso la violinista cantó sobre la melodía durante concretos compases.

En resumen, todo un conjunto de interesantes propuestas heterogéneas que nos deja deseando la llegada de la XXIV edición del festival.

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