Vicente Vera - Cambridge Circus

Venezuela: «La siembra del petróleo»

«El agua es un recurso vital para el hombre y para el ecosistema en el que estamos instalados»

Vicente Vera
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A Arturo Uslar

Pietri (1906 – 2001)

Antes de entrar en materia sí quiero comentar la buena noticia relativa al estado del tiempo en la Comunidad Valenciana. Soy fiel admirador de los informes diarios que nos regala cada día Mónica López desde la 1 en TVE después del Telediario. Estos días preparando este artículo se han cumplido los ansiados pronósticos de lluvia y descenso térmico aquí en la atalaya de Elda que tanto entusiasmaba al maestro monovero José Martínez Ruiz Azorín, insigne autor literario, periodista y gran cinéfilo. A finales del mes de octubre se celebró el IV Congreso sobre Azorín en Monóvar y Alicante con un éxito de participación y asistencia de estudiosos de la obra azoriniana, procedentes de Estados Unidos, Francia, etc. Allí se dijo lo necesario e importante que es continuar divulgando la obra de este prolífico autor y acercarlo a las nuevas generaciones de estudiantes y lectores. Todavía hay mucho por descubrir en este célebre escritor volcado en el conocimiento minucioso de las tierras de España.

Antes he apuntado la bienvenida de estas lluvias de finales de noviembre, el agua es un recurso vital para el hombre y para el ecosistema en el que estamos instalados y esquilmando cada día un poco más. Si no frenamos este despropósito nos pasará factura bien pronto y nos lamentaremos. La agricultura y la ganadería habían alcanzado unos niveles de sequía preocupantes así como el nivel de reservas hídricas. El agua es un recurso escaso y no sabemos administrarlo. Es urgente no solamente revisar el modelo de financiación autonómico sino quizá más relevante dar con una fórmula de solidaridad interterritorial para equilibrar las necesidades de este bien tan preciado y a su vez tan escaso. Nos hemos convertido en urbanitas y nos olvidamos de la vida del campo, de la siembra y de la siega.

Leyendo Campos de Castilla de Azorín nos enteramos de muchas cosas que nos quedan ya muy lejanas en el tiempo. Y a propósito de sembrar, quisiera contarles algo sobre la República Bolivariana de Venezuela, país rico en petróleo durante decenios pero debido a la gestión despilfarradora de los gobiernos venezolanos desde tiempo atrás y sobre todo desde la implantación de este modelo de planificación socialista y bajo el auspicio del comandante Chávez, ahora capitaneado por su heredero y continuista Maduro, quien finalmente está llevando a la quiebra económica a este gran país dotado en su día por una producción petrolífera inconmensurable y que desde que agarró el timón de la nación es imparable su deterioro económico y social. Antes de indagar en más detalles sobre su deplorable situación económica general y sus nulas expectativas de salir adelante mientras continúe este nefasto presidente bolivariano defensor de la revolución para sus propios intereses y de su élite militar.

Estoy hablando de agua, de tierra, de siembra y recolección. En este gran país que es Venezuela, hubo grandes pensadores e intelectuales que aportaron conocimiento para evitar la dependencia del petróleo como único recurso de crecimiento económico, así lo manifestó el escritor y político Arturo Uslar Pietri en 1936, publicando un editorial y artículo en el diario Ahora y titulado “Sembrar el petróleo”. Decía Uslar Pietri que, paradójicamente, el mayor problema de Venezuela es la riqueza, hasta el primer tercio del siglo XX era un país pobre, atrasado, de escasa población y que vivía fundamentalmente de la agricultura.

La siembra del petróleo no era otra cosa que la utilización de esos recursos obtenidos del petróleo para el fomento razonable de una producción nacional distinta y complementaria de la petrolera, y para la creación de toda la infraestructura necesaria para hacerla posible. Este fue, de manera muy resumida, el planteamiento de Uslar Pietri respecto a la necesidad de diversificar la economía del país. Evidentemente no fue así y el mismo pensador decía que era inmensa la responsabilidad de los hombres que gobernaron el país en esa excepcional coyuntura, con tanta ceguedad y tan poco acierto. Opinaba que la única política económica sabia y salvadora que se debía practicar es la de transformar la renta minera en crédito agrícola y seguir construyendo una política de reconstrucción nacional basada en el desarrollo de una agricultura moderna dotada de recursos suficientes para seguir creando empleo y riqueza productiva.

Tristemente, como ya se ha explicado, no se pudo implementar ese modelo de crecimiento tan inteligente y que habría evitado las sucesivas crisis políticas y monetarias que viene arrastrando el pueblo venezolano. Cabe decir en honor de Pietri que este planteamiento de política económica sirvió de inspiración al gobierno de Hugo Chávez para bautizar el conjunto de planes y proyectos de desarrollo de la industria petrolera nacional, denominado Plan Siembra del Petróleo 2005-2030. Pero tampoco contribuyó a mejorar la situación económica del país. Sí que se constituyó la famosa PDVSA (Petróleos de Venezuela, Sociedad Anónima), pero la corrupción de altas esferas y el despilfarro vía gasto público terminó por iniciar una dinámica inflacionista imparable acabando en un tremendo proceso hiperiflacionista que nos tememos terminará con la quiebra económica del país.

La población no puede soportar ese aumento permanente de los precios de la cesta básica de bienes de consumo. Los precios suben sin cesar, lo que contribuye a crear un gran malestar entre la población sumida en la miseria y en el desempleo. Al no darse seguridad jurídica suficiente y no establecer una política monetaria y de cambio que ayude a estabilizar la moneda, las empresas multinacionales se vieron obligadas a desmantelar sus inversiones y salir del país. En una nota oficial publicada en la web del Banco Central de Venezuela el día 1 de noviembre de 2017, se confirmaba la entrada en circulación de un nuevo billete de 100.000 bolívares, argumentando el presidente Maduro que ”esta medida monetaria hará más eficiente el sistema de pagos, facilitará las transacciones comerciales y minimizará los costos de producción, reposición y traslado de especies monetarias, lo que se traducirá en beneficios para la banca, el comercio y la población en general”. Ni una palabra sobre los salarios y la desigualdad y en algunos casos incluso hambruna. Dice el FMI que si no se revierte esta situación a medio plazo, con toda seguridad la inflación rozará un 4.700%. Confiemos que antes de convertirse esta patología monetaria en algo tan demencial como lo sucedido en Alemania durante el primer tercio del siglo XX. Como conclusión a esta tragedia económica y monetaria sigo pensando y me reafirmo en aquello que ya he comentado en artículos anteriores, que la economía es una ciencia lúgubre, triste y desesperada para los ciudadanos más vulnerables como ya dejó claro Thomas Carlyle en el XIX.

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