Imagen de las instalaciones del puerto de Valencia
Imagen de las instalaciones del puerto de Valencia - ROBER SOLSONA
Economía

El puerto de Valencia amplía su brecha con el de Barcelona en pleno pulso secesionista

El enclave valenciano aumenta a doce millones de toneladas la distancia con el catalán en el tráfico de mercancías

VALENCIAActualizado:

«Si podemos parar el puerto de Barcelona sería brutal: los chinos se cabrearían». La consigna de la líder de los Comités de Defensa de la República -difundida a través de redes sociales y grupos de mensajería- ponía en el punto de mira de los sabotajes alentados por los independentistas a una infraestructura clave para el tejido económico catalán pero que en la última década ha perdido su supremacía como principal puerto de España.

En el año 2006, el puerto de Barcelona cerró el ejercicio con un tráfico 47,6 millones de toneladas. Fue la última vez que superó a Valencia, su principal competidor históricamente, que en 2007 le arrebató el liderazgo del comercio marítimo español (53,5 millones de toneladas frente a las 51 de Barcelona).

Diez años más tarde, la brecha a favor de la Autoridad Portuaria de Valencia (APV) se ha disparado hasta los doce millones de toneladas. De acuerdo con las estadísticas oficiales de Puertos del Estado, Valencia alcanzó en 2017 un tráfico de 73,5 millones de toneladas frente a las 61,4 de Barcelona.

Aunque en cifras absolutas Algeciras es el puerto que más toneladas mueve en España (101,4 millones el pasado año), el grueso de su tráfico son mercancías en tránsito (buques que hacen escala pero no cargan y descargan en sus instalaciones).

Por ello, la pugna por la supremacía del comercio marítimo se dirime entre Valencia y Barcelona, donde el primero de los enclaves también ha disparado la distancia en el tráfico de contenedores, considerado uno de los parámetros básicos para medir la actividad portuaria. Así, Valencia mueve al año 4,8 millones de contenedores (el objetivo a corto plazo pasa por alcanzar los cinco), mientras Barcelona ha quedado con tres millones rezagada. Hace diez años ambos puertos alcanzaban registros similares.

Los audios de los CDR hacían referencia al «enfado de los chinos» y a la posibilidad de «dejar sin avituallamiento a las islas Baleares». En estos segmento, Valencia también le ha ganado la batalla comercial a Barcelona y se sitúa como principal puerto referencia para las mercancías asiáticas que llegan a España, al igual que el tráfico regular con el archipiélado, excepto con la isla de Menorca.

Valencia mueve al año 4,8 millones de contenedores (el objetivo a corto plazo pasa por alcanzar los cinco), mientras Barcelona ha quedado con tres millones

De hecho, China se ha convertido en el principal socio comercial del puerto de Valencia con 6,97 millones de toneladas y un crecimiento del tres por ciento el pasado año. Solo España, con 8,66 millones de toneladas, supera al gigante asiático en la canalización de mercancías a través de las instalaciones valencianas.

En el acumulado de los dos primeros meses del año en curso (última estadística oficial disponible), la tendencia se mantiene. Así, Valencia suma un tráfico de 11,2 millones de toneladas frente a las 10,7 del puerto de Barcelona.

La «capitalidad» del Mediterráneo español

El puerto de Valencia constituye uno de los principales exponentes del despege económico de la región, en contraste con Cataluña, y es uno de los principales asideros para que la ciudad del Turia dispute a Barcelona la «capitalidad» del Mediterráneo español.

De hecho, la Comunidad Valenciana ha rentabilizado con creces los efectos perniciosos del desafío soberanista sobre la economía de Cataluña. El pulso independentista se ha solapado con el resurgimiento de una región que resultó especialmente damnificada por la crisis pero que ha logrado recuperar los niveles anteriores a 2008.

La inversión productiva extranjera experimentó en 2017 un ascenso del 585% respecto al ejercicio anterior, hasta los 1.158 millones, lo que supone el mejor dato de la última década. En el mismo periodo, la inversión en Cataluña retrocedió un 40%.