Joaquín Guzmán - CRÍTICA

Un Peter Grimes de referencia

«Algo que me llamó la atención positivamente es la ausencia de toses y carraspeos tan habituales en otras óperas»

Joaquín Guzmán
Actualizado:

La ópera, no descubro nada, es una manifestación artística compleja en la que se dan al unísono diferentes disciplinas para conformar un todo que en ocasiones nos brinda momentos de enorme disfrute. Pero hay momentos, instantes que uno querría que fueran más abundantes, que incluso se pueden prolongar a lo largo de toda una representación, en los que uno siente estar ante algo verdaderamente sublime. Se siente la extraña percepción de que quizás estamos ante el arte más elevado que quepa imaginar. No digo que esto sea cierto, pero al menos “sufrimos” de esa ilusión. Esta producción de Willy Decker, la música de Britten y los demás comparecientes a estas representaciones del Palau de les Arts lo logran. Por encima de todos, hay tres elementos claves en este inolvidable Peter Grimes:

Gregory Kunde debe hacer de este rol un papel fetiche en los próximos años, siempre y cuando le satisfaga meterse en la piel del desgraciado pescador, que pienso que sí. Creo que se siente cómodo en la tesitura vocal, a pesar de las indudables dificultades que entraña, y también en lo dramático en un papel actoral que se parece muy poco a cualquier otro. Debe ser todo un regalo descubrir este rol, para quien lleva ya muchos a sus espaldas. Todavía puede perfeccionarlo, dada la complejidad que entraña, aunque los resultados sean ya (teniendo en cuenta que estamos ante su debut en escena) sobresalientes. Posiblemente ya sea el Grimes de nuestro tiempo. Enorme admiración, en definitiva, es lo que me despierta el gran tenor norteamericano.

Willy Decker: no puede decirse más con menos elementos. Es la magia de esta dirección de escena que ya puede calificarse como de joven clásico. Los símbolos se suceden como ese pueblo que canta prietas las filas en su primera intervención queriendo mostrar la unidad frente al individuo aislado. O esa dirección de toda la masa coral cual “banco de arenques” absolutamente prodigiosa. Llama la atención como una escena tan minimalista, logra transmitir tanta fuerza e inestabilidad visual al instante, quizás entre otras cosas por esa inclinación del suelo y las acusadas líneas de fuga que crean cierto efecto claustrofóbico. La iluminación es también fantástica, así como los trazos pictóricos del fondo que parecen sacados de un cuadro de Turner. No mostrar el mar, pero dejar su existencia, para que el espectador imagine más que vea me parece otro de los aciertos.

El Cor de la Generalitat: se merece también subir al podio, puesto que con Kunde y la escena de Decker son la tercera pata en la que se sustenta el éxito de estas veladas. Ya no solo es cuestión de cantar con empaste, potencia enorme, sino es también dar coherencia a la idea que gobierna la producción, mediante una participación dramática con una calidad reservada a los grandes coros operísticos del mundo. Es un orgullo- y un milagro, hay que decirlo- tener una formación coral de este nivel en nuestro teatro.

Imagen de la representación
Imagen de la representación-ABC

La dirección musical del norteamericano Christopher Franklin, es buena en términos generales. Desconciertan las dinámicas en algunos pasajes como la el inicio de la tormenta en la que el sonido emerge confuso del foso sin que veamos cual es la voz principal. Va de menos a más. Se muestra muy concentrado a todos los detalles, pero quizás sea esta una obra que requiera mucha madurez y tiempo para ir función tras función, producción tras producción sacando todo lo que hay tras la cantidad de dificultades técnicas que entraña, que son muchas. En mi opinión todavía no se ha escuchado la versión de referencia de esta obra y no sé qué director hay en la actualidad capaz de ello. La orquesta muy atenta-en esta obra la concentración ha de ser extrema- da todo de sí, que es mucho, mostrando una vez más la enorme calidad que atesora.

Me gustó mucho la conmovedora Ellen Orford de Leah Partridge cargada de emoción contenida, sin sensiblería, haciendo creíble su difícil papel mediador entre la muchedumbre y el pobre protagonista. Pienso que es un papel idóneo para ella. En igual nivel se mueve el Balstrode de Robert Bork que estuvo excelente en todo momento con una voz muy bien proyectada y magníficamente en cuanto a su presencia teatral. También destacó el Swallow de Andrew Greenan, el Reverendo de Ted Schmitz o el Hobson de un Lukas Jakobski con una presencia imponente. Interesante también Charles Rice, como el farmacéutico Ned Keene.

Rosalind Plowright y Dalia Achaechter están en un estado vocal-desgastado por el paso de los años en el caso de la primera- idóneo para sus papeles. Giorgia Rotolo y Mariana Mappa, alumnas del Centre Plácido Domingo. También merece mención especial el joven Alejandro Antelm, continuamente zarandeado por Kunde en su papel aprendiz.

Algunos huecos en el patio de butacas obviamente por ser una obra que se sale del repetorio mainstream, aunque no tengo dudas de que Peter Grimes, una ópera con algo más de medio siglo de existencia, va a pasar a ser poco a poco una de las obras de repertorio de los grandes teatros, si bien nunca no con la asiduidad de esa treintena de títulos conocidos por todos. Sin embargo, algo que me llamó la atención positivamente es la ausencia de toses y carraspeos tan habituales en otras óperas, lo que deja muy a las claras que se trata de un título que, representado con este nivel de excelencia, atrapa definitivamente al espectador.

Ficha

Palau de les Arts, 4 de febrero de 2018

Gregory Kunde, Ellen Orford, Rosalind Plowright y Dalia Achaechter Robert Bork, Charles Rice, Andrew Greenan, Ted Schmitz, Lukas Jakobski, Richard Cox, Giorgia Rotolo, Mariana Mappa y Alejandro Antelm

Cor de la Generalitat Valenciana

Orquesta de la Comunitat Valenciana

Christopher Franklin, dirección musical

Willy Decker, dirección de escena

Joaquín GuzmánJoaquín Guzmán