Imagen de la reunión entre Ximo Puig y Mariano Rajoy este jueves
Imagen de la reunión entre Ximo Puig y Mariano Rajoy este jueves - EFE
Toni Subiela - Peus de plom

Mirada al frente

«El independentismo cuenta con el beneplácito del gobierno del Botànic, entusiasmado desde siempre por las barbas de su vecino del norte»

Toni Subiela
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Causa sorpresa el asombro de algunos ante el Catalexis, el referéndum ilegal de los que no atienden a nada ni a nadie que no sea como ellos. Poco veraz es la respuesta de quienes durante demasiados años otorgaron todo tipo de facilidades y privilegios al independentismo, aunque tan sólo fuera mirando hacia otro lado. Había una advertencia que no se atendió.

Como en la familia, cuando no se quiere ver al hermano que se va perdiendo y alguien lo está contando, durante décadas los gobiernos de España han permitido hacer y deshacer a quienes en realidad querían rompernos. De la siembra de vientos en épocas de minorías que vendieron su alma, se recogen las tempestades que su propia ambición cultivó.

No es sencilla la tarea de trabajar una identidad que nos defina a toda la ciudadanía y permita a cada comunidad realizarse a sí misma junto a las demás. Pero la experiencia es buena consejera y nos dice que estas situaciones deben trabajarse día a día teniendo en cuenta esa diversidad singular. Pero mirándose el ombligo no se ha trabajado nada, ni transversal, ni global ni moderno, ni en ninguna educación que nos defina por igual, ni en unos intereses que nos entrelacen y nos hagan progresar.

El secesionismo no repercute solo en el ámbito político, sino también en el económico y en el social. Unos no pueden romper la España de todos, el bienestar de la mayoría, el futuro de una misma sociedad. La situación a la que se ha llegado exige compromiso inmediato de los actores y firmeza en las acciones. Sin girar la cabeza para no ver, sin hablar por hablar y, por supuesto, sin simpatía a quien desprecia nuestras leyes.

Escribimos un importante episodio de nuestra historia, la respuesta de quienes respetan las reglas del juego para poder cambiar las cosas, ante quienes quieren cambiar de partida porque la están perdiendo. No estamos solos, nuestro camino parte de nuestra tierra para sumarse a otros territorios españoles y converger en una Europa que hemos construido para formar parte de una gran familia.

La amenaza no es solo la que se ve, otra parte espera agazapada sonriendo o apoyándola sin más. En la Comunidad Valenciana, sin ir más lejos, el independentismo cuenta con el beneplácito del gobierno del Botànic, entusiasmado desde siempre por las barbas de su vecino del norte. Otros que quieren irse de casa para perderlo todo.

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