Vicente Ordaz - EL FARO

¡¡¡Malditos seáis!!! Vicente Ordaz

«Adrián tiene a día de hoy una ilusión: ser torero»

Imagen del homenaje a Adrián en Valencia
Imagen del homenaje a Adrián en Valencia - ABC
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Adrián tiene ocho años y quiere ser torero. A esa edad, en mi clase del colegio nos dividíamos entre los que queríamos ser futbolistas, demostrado queda que yo no llegué, los que aspiraban a ser espías o astronautas, y los que soñaban con ser toreros. A los ocho años pocos son los que aspiran a ser abogados del estado, auditores bancarios o magistrados del Tribunal Supremo, va en la edad.

Adrián tiene a día de hoy una ilusión: ser torero. El pequeño lucha contra un cáncer al que va a vencer, seguro. No es justo que alguien de esa edad tenga que “lidiar” con hospitales y tratamientos, en lugar de con columpios y risas, pero Adrián lo lleva bien, y tener una ilusión, lo ayuda mucho. El otro día tuve la suerte de conocerlo, vino a los estudios de Cope Valencia, y nos contó lo que le gusta el toreo, algo que al parecer y para algunos malnacidos merece la muerte. Si además, ves en esa cara infantil, el rictus de la quimioterapia, piensas que todavía hay que ser más malnacido para desear su muerte a través de las redes sociales, o de cualquier otro medio. Esconderse además en anonimato de un seudónimo añade un plus de cobardía acorde a este tipo de miserables.

Dice el gran Luis del Val que “un niño es una esperanza que viaja en una respuesta para mañana”. Pues yo, a alguien que desea la muerte a un niño, inocente, ingenuo, que jamás ha hecho daño a nadie y que disfruta de la bendita inocencia de la que un día despertará, les deseo una larga vida. Ni mucho menos les deseo nada malo, todo lo contrario, por que vivir como son, tan ruines y tan indignos debe ser muy miserable. Espero que vivan muchos años, instalados en su pobre existencia que apenas les da para alegrarse por la muerte de un niño. Les deseo una existencia longeva para que puedan ser testigos de como Adrián cumple sus sueños, en el ruedo y fuera de él. Pido a Dios salud para ellos y para que lo vean crecer y hacerse hombre, mientras que su miseria los entierra día a día. Tranquilo Adrián, lo verás...

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