Francisco Camps* - La Tercera

El expansionismo catalanista

«Es importante que el 1 de octubre haya sido la derrota del independentismo catalán y también la del resto de las manifestaciones de secesionismos en otros territorios de España, pero sobre todo, que sea la derrota definitiva del catalanismo en la Comunidad Valenciana»

Francisco Camps*
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El catalanismo en Valencia ha sido un factor determinante de la política a lo largo de los años de la transición y de la democracia, incluidas las elecciones del año 2015. De hecho el catalanismo está presente en la actualidad en el Gobierno de la Generalitat, dominando consejerías clave como las de Educación y Cultura.

El PSPV-PSOE, suma de muchas «sensibilidades», tiene también extendido en su discurso y en su ideario político restos de catalanismo. Por eso ha pactado con partidos de claro posicionamiento catalanista con extrema facilidad a lo largo de las últimas décadas, tanto en la Generalitat como en ayuntamientos.La historia del catalanismo en Valencia se origina en el siglo XIX cuando, con la recuperación del uso literario del valenciano, algunos sectores de la política más revolucionaria de finales de aquel siglo se fueron uniendo a los primeros movimientos nacionalistas de Cataluña.

Distintas fueron las circunstancias que la recuperación del valenciano tuvo a lo largo de la primera mitad del s. XX, así las Normas de Castellón para fijar una gramática propia que sirviese de recuperación del uso del valenciano, o manuales para la enseñanza del mismo, alumbraron fórmulas de un conocimiento más profundo de la realidad sociolingüística y académica de un idioma que desde el s. XVI había perdido presencia oficial de manera paulatina. No así en nuestras casas, que el valenciano continuó vivo, en muchos casos como única lengua .Es Joan Fuster, en pleno proceso de recuperación académica del valenciano, quien con su libro «Nosaltres els valencians» identifica al pueblo valenciano con un conjunto de pueblos conectados, primero cultural y luego políticamente, en una entelequia inventada llamada Paisos Catalans.

A finales de los años 60 y principios de los 70, en el tardofranquismo, la creación de una Cátedra de Filología Catalana en la Universidad de Valencia y los estudios económicos y sociales que se desarrollaron fundamentalmente en la recién creada Facultad de Económicas, elaboraron y desarrollaron el discurso catalanista que impregnó las nuevas ideas y visiones de un territorio que despertaba con la transición a los vibrantes nuevos discursos de la democracia y que fueron determinantes en el debate de qué tipo de comunidad autónoma se pretendía tenía que ser el territorio del antiguo Reino de Valencia, o País Valenciano, nomenclatura ésta que acuñó parte de la Universidad y la totalidad de los partidos de izquierda.

En aquellos albores de una democracia que traía libertad, que pretendía encontrar en la amnistía una España para todos y que convino en la descentralización política y administrativa que significó el Estado de las Autonomías proclamado por la Constitución, es en donde se inició la llamada «Batalla de Valencia», entre sectores que buscaban el acomodo de nuestro territorio en los términos de una identidad propia y genuina, recuperando instituciones históricas como la Generalitat y las Cortes, y quienes le dieron al territorio valenciano un sentido de catalanidad, bien por el idioma o bien desde el idioma, para buscar el camino hacia la unidad política en esos llamados Paisos Catalans.

En esta «Batalla», en donde la simbología era lo más visible -el nombre de la lengua, el nombre del territorio, la bandera-, había un claro trasfondo de aglutinar intelectualidad, progreso y nuevas formas en estricta relación con Cataluña, cuyos partidos nacionalistas tuvieron una presencia real en la vida cultural y política valenciana, creando distintas organizaciones, la más destacada Acció Cultural del País Valencià, que entre otras estrategias ubicó postes repetidores para que en toda la Comunidad se viese TV3.

En este punto señalar que tanto el PSOE como el PP han apoyado la normalización del valenciano en la educación y en la administración.Los años 90 fueron un interesantísimo punto de inflexión porque Barcelona llegó a su máxima expresión con la celebración de los Juegos Olímpicos y Valencia quedó sumida en un abandono que provocó una gran indignación que terminó por arrebatarle a los socialistas los gobiernos autonómico y locales.

El Partido Popular absorbió en su totalidad al regionalismo valencianista y emprendió la tarea de recuperar la personalidad política del pueblo valenciano en igualdad de condiciones con el resto de los territorios de España, hasta llegar al plano de igualdad en el trato con las instituciones catalanas que durante tanto tiempo la izquierda valenciana había puesto siempre en un plano superior a las propias.

Hoy Compromís, que es una extraña mezcla de catalanismo y marxismo, ha conseguido llegar al poder de la mano del Partido Socialista. Apoyado en el Gobierno por el grupo parlamentario que representa las corrientes neocomunistas enmarcadas en el proyecto asambleario llamado Podemos. Compromís y Podemos son la base parlamentaria que ha permitido al PSOE, con los peores resultados electorales de su historia, alcanzar la presidencia de la Generalitat, a cambio de darle el 50% del gobierno a Compromís.Estos son los restos de una entelequia que sigue adoctrinando y, que basados en aquel discurso del Fuster de los 60 y apoyado por grupos económicos y universitarios, se encuentran ante la peor de sus realidades, el final de una locura independentista enmarcado en la apuesta por un referéndum ilegal que pretende la independencia de Cataluña.

El 1 de octubre ha sido el punto y final a 55 años de catalanismo político y sociológico, que son los años que van desde la publicación de «Nosaltres els Valencians» hasta las algaradas callejeras y la actitud de ilegalidad que la Generalitat de Cataluña ha emprendido para romper España. Ha sido un camino duro, tortuoso, lleno de incomprensión en muchos momentos, el de la Vía Valenciana, como elemento vertebrador de nuestro territorio desde las profundas raíces de la historia y desde las nuevas expectativas que se abrieron con la democracia y con la autonomía.

Los valencianos tenemos una oportunidad extraordinaria para acabar definitivamente con este terrible lastre que ha empañado tantos proyectos por culpa de una visión empequeñecedora de nuestro papel en España y en Europa.España tiene también en relación a la Comunidad Valenciana la oportunidad de volver a mirar esta parte que tan oscurecida ha estado por intereses ajenos. La Comunidad Valenciana ha demostrado una innegable lealtad a la construcción de la España moderna, en cualquier época en la que España ha pretendido ser moderna, sin más interés que el reconocimiento del resto de nuestros compatriotas para tener aquí un motor de prosperidad y bienestar al servicio del interés general de todo el país.Por eso es importante que el 1 de octubre haya sido la derrota del independentismo catalán y también la del resto de las manifestaciones de secesionismos en otros territorios de España, pero sobre todo, que sea la derrota definitiva del catalanismo en la Comunidad Valenciana.

*Francisco Camps fue presidente de la Generalitat Valenciana

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