Toni Subiela - Peus de plom

Ni ética ni estética

«Hace unas semanas, Empar Marco corroboró lo que ya veníamos avisando meses atrás: su falta de transparencia y nula pluralidad»

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A lo largo de la historia en demasiados casos el exceso de poder ha corrompido. El ejercicio de la autoridad, en cualquier ámbito, requiere de un compromiso de responsabilidad que no traspase una ética y moral colectiva. Lo deseable sería que esta máxima se cumpliera siempre, especialmente cuando su repercusión es tan considerable como la de un cargo público.

Resulta sarcástico ver a algunas personas de las que ostentan estos puestos presumiendo de sus valores y aptitudes antes de acceder a los mismos y, aunque ya se les veía venir, su reverso se descubre cuando tienen la silla. Es entonces cuando sus valores pasan a un segundo plano o cogen otros si hace falta. Ahora, sin ir más lejos, contamos con el ejemplo cercano de algunos de los miembros del Consejo Rector de la CVMC, o incluso con el de la propia directora de RTVV. Donde dije Diego digo À Punt.

Hace unas semanas, Empar Marco corroboró lo que ya veníamos avisando meses atrás: su falta de transparencia y nula pluralidad. La directora no se ha preocupado en cuidar ni la estética del cargo que se le encomendó ni en disimular su carente ética profesional. Tampoco se ha ocupado de disfrazar su firme intención de crear una televisión a imagen y semejanza del canal autonómico de Cataluña, ni en ocultar su apoyo al secesionismo. Parece que se le ha olvidado que ya no es delegada de TV3 y que ahora debe rendir cuentas de sus actos a la sociedad valenciana.

El Consejo Rector aceptó el mandato marco que describía las bases del desarrollo de À Punt, entre las que también se exige rigor periodístico y buen uso del lenguaje, algo que algunos “se pasan por el forro”. Un claro ejemplo es Rafa Xambó, que parece no saber utilizar las redes sociales si no es para, amparándose en la libertad de expresión, faltar al respeto o exaltar el secesionismo. Lo que deberían recordar los miembros de esta entidad, es que su cargo exige decisión en algo tan importante como es la destitución de quienes traspasan la línea de lo inaceptable.

Los cargos públicos se deberían regir bajo valores éticos que se reflejaran también en su estética, a imagen y semejanza de lo que representan, ser una cosa y parecerla. La responsabilidad está para ejercerla, y no para mirar hacia otro lado cuando hay que tomar decisiones comprometidas como la de decir hasta luego a algunos.