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El asesino de la joven de Elda: un fanático de los gimnasios con antecedentes por violencia

Imanol Serrano, un parado amante de los coches, vulneró la orden de alejamiento y de poseer armar dictada en 2016

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La muerte de Jéssica Bravo -Jessy, como le conocía sus familiares y amigos- a manos de su expareja deja muchos interrogantes sobre la protección de las mujeres maltradas. Al contrario que otras muchas mujer víctimas de la violencia machista, el pasado 2 de noviembre había presentado una denuncia contra Imanol Castillo, su excompañero sentimental, con el que tenía un hijo de tres años, el pasado día 2 de noviembre. Ese mismo día se dictó, como medida cautelar hasta la celebración del juicio, previsto para este jueves, 9 de noviembre, una orden de alejamiento que le impedía acercarse a la mujer a menos de 300 metros y de comunicarse con ella por cualquier medio hasta que hubiera una sentencia firme.

El juicio, sin embargo, no llegó a producirse. Imanol, un hombre que, según alardebada en las redes sociales, estaba obsesionado con los gimnasios, era aficionado a los coches, al fútbol sala y declarado hincha del Atlético de Madrid, acudió el miércoles al colegio Santo Negro de la localidad alicantina de Elda. Allí, descerrajó cinco tiros a Jéssica en presencia del hijo de ambos, de solo tres años. Huyó en el coche de su víctima, se estrelló contra el muro del centro escolar y se disparó en la boca. Su expareja falleció al día siguiente.

Era el trágico deselance a una relación tortuosa. El verdugo no soportó que Jéssica, de 28 años de edad y que trabajaba en el negocio de hostelería de su familia, hubiera decidido romper la relación que habían mantenido durante los últimos seis años el pasado verano. La joven se marchó a vivir a la cercana localidad de Monforte del Cid. Imanol tenía otro hijo de nueve años fruto con otra mujer de la que se había separado. No tenía trabajo conocido, aunque con anterioridad había estado empleado en empresas del calzado. El entorno de los dos jóvenes sostiene que estaba «obsesionado» con Jéssica. Una manía que resultó letal pese a los intentos de la joven de distanciarse de él.

Aunque algunos conocidos de Imanol Castillo le consideraban un hombre incapaz de cometer un crimen de estas características, incluso le califican de «simpático y correcto», en su historial ya constaba una condena por malos tratos en el año 2016.

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En enero de aquel año fue condenado por un delito de lesiones en el ámbito familiar. Según informa el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana (TSJCV), se trató de un juicio de conformidad. Imanol reconoció los hechos y, tal como prevé la ley, se benefició de la reducción de un tercio en la pena solicitada por el fiscal por lo que fue condenado a cuarenta días de trabajos en beneficio de la comunidad. Se le impuso además la privación del derecho a la tenencia y porte de armas por dos años y la prohibición de acercarse durante ocho meses a su entonces pareja.

Pese a esta sentencia, Imanol logró hacerse con el arma -jamás dispuso de licencia- con la que acabó con la vida de su expareja y después se suicidó. La noche antes la había pasado en el calabozo. La Policía Nacional le había localizado en Elda incumpliendo la orden de alejamiento y fue detenido. A primera hora de la mañana del miércoles pasó a disposición judicial. El jueves tenía cita para un juicio rápido por amenazas. Jéssica había denunciando que había intentado comunicar telefónicamente con ella a través de terceras personas.

Con anterioridad al episodio, en septiembre de 2014, la víctima ya había interpuesto otra denuncia contra su entonces pareja. Ante el juez instructor se negó a declarar contra el presunto agresor. El caso, no obstante, llegó a juicio pero él fue absuelto por un juzgado de lo Penal de Alicante. Tres años y tres meses después Imanol acabó con la vida de Jéssica delante del hijo de ambos.