José Font - Cuadernos de Napoleón

Alcaldesa José Font

«Rita Barberá revolucionó la ciudad, artística, arquitectónica y culturalmente»

Los vecinos valencianos dejan rosas y velas en el portal de la casa de Rita Barberá
Los vecinos valencianos dejan rosas y velas en el portal de la casa de Rita Barberá - ROBER SOLSONA

Ayer 23 de noviembre nos helaba más aún de buena mañana, la triste noticia de la muerte de Rita Barberá. Hoy los panegíricos correrán de periódico en periódico, de columna en columna, pero el homenaje más sincero que se le puede hacer a la “Alcaldesa de España” es reconocer su labor por Valencia y por España, además del arduo trabajo por el Partido Popular, que ella rescató del ostracismo político en la Comunidad Valenciana convirtiendo la formación política en Valencia, en el pilar fundamental para las victorias populares nacionales.

No hace falta rememorar cómo era la Valencia de los años 80, no es necesario describir la cloaca en la que habían convertido la ciudad los gobernantes de los primeros lustros de la democracia. Rita accedió a la alcaldía y revolucionó la ciudad, artística, arquitectónica y culturalmente. Valencia recuperó su esplendor, cosa que no ocurría desde nuestro añorado siglo de oro. Y esto, sus adversarios políticos, ahora más enemigos que otra cosa, jamás se lo perdonaron y jamás se lo perdonarán.

No puedo dejar de recordar el mayor mitin de la historia de la democracia: Mestalla. Aquel día de febrero de 1996, fue el primer acto político en mi vida, con apenas 16 años descubrí a una líder, una figura de las que pasan a la historia y que actuó junto a Eduardo Zaplana y José María Aznar, quizá el triunvirato más efectivo y poderoso que ha tenido el Partido Popular desde su fundación.

Rita Barberá, era y es, un animal político como hubiera definido el propio Aristóteles. Así lo demostró el pueblo valenciano anoche en la misa en la Catedral y en las colas en el consistorio para firmar en el libro de condolencias. Los medios progresistas que hacían guardia y emitían por prensa y televisión cada día desde hace tiempo, sus veredictos condenatorios -allá ellos con su conciencia- no han podido mermar el amor que la ciudad de Valencia tenía hacia su alcaldesa.

Después de la debacle electoral de 2015, quizá hubiera sido mejor dejar el escaño y permanecer en el partido, como siempre hemos mantenido todos los que creíamos en su honestidad, pero Rita era así, luchadora, y por su honor quiso combatir hasta el final. La Valencia de finales del siglo XX y principios del XXI ya no se podrá concebir sin su nombre y así debe ser.

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