Manifestantes en el parque de la Ciutadella en una movilización convocada por los CDR
Manifestantes en el parque de la Ciutadella en una movilización convocada por los CDR - EFE

Los Comités de Defensa de la República, el secesionismo sin rostro

Estas organizaciones de carácter asambleario y tradición anarquista marcan los nuevos compases del «procés»

Los «CDR» rechazan la violencia, no tienen líderes y funcionan de forma atomizada

BARCELONAActualizado:

El ecosistema del independentismo vive constantes mutaciones a caballo de los vaivenes del «procés» mientras los líderes y símbolos que aglutinan al secesionismo catalán cambian constantemente engullidos por la vorágine judicial y política de los últimos años. Hasta hace poco, Artur Mas o Carme Forcadell marcaban los compases de la actualidad en Cataluña. Hoy están prácticamente en el olvido. Paralelamente, han surgido nuevos actores, como los CDR, que trabajan desde el anonimato para liderar el movimiento independentista.

Tras la celebración del referéndum ilegal del 1-O, organizaciones otrora poderosas como Òmnium Cultural o la Assemblea Nacional Catalana (ANC) han observado con impotencia la aparición de un nuevo competidor. Desde hace semanas, son los Comités de Defensa de la República -el brazo más subversivo del independentismo catalán- los que marcan los compases del camino incierto hacia la independencia. Estos pequeños órganos sin rostro, líder ni jerarquía aparecieron y se multiplicaron como setas en los días posteriores a la consulta convocada por Carles Puigdemont y en poco tiempo se han convertido en un actor más del escenario político catalán.

Los CDR comparten iniciales con los temidos Comités de Defensa de la Revolución de la Cuba castrista y dice la leyenda urbana -que desde los comités insisten en desmentir- que fueron los artífices de la llegada a España de las urnas en las que se votó durante la consulta secesionista.

Los CDR organizaron una acampada ante el parlamento de Cataluña
Los CDR organizaron una acampada ante el parlamento de Cataluña-AFP

Hoy, hay un CDR en casi cada barrio de Barcelona, también en los pueblos y hasta en ciudades como París. En ellos se reúnen todo tipo de personas, pero sobre todo aquellos independentistas más radicalizados a nivel ideológico que se identifican con formaciones como la CUP o Podemos y que desconfían del PDECat, la ANC y hasta de ERC. «Los CDR incomodan a ciertos poderes del PDECat o de la Assemblea que tienen unas relaciones muy determinadas con los poderes económicos», explica a ABC un politólogo que conoce las interioridades de este movimiento del que destaca que tiene como misión hacer que la soberanía signifique un cambio social real «y no solo de banderas».

A diferencia de la ANC, los comités no tiene rostros reconocibles, líderes ni estructuras verticales. Todo se vota y se decide en asamblea, y en todo caso, se coordinan algunas acciones entre distintas agrupaciones. «Una de las cosas que hacen los comités es construir soberanía desde abajo, por eso son vistos como un elemento peligroso, pero de violentos no tienen nada», detalla el politólogo.

«Los CDR se constituyen antes y después del 1-0 cuando la gente decide juntarse para ver como se construía la república desde abajo», detalla el joven, que ha participado en actividades y reuniones de los CDR. Asimismo, esta fuente apunta que otro de los objetivos de los comités es trabajar para hacer que barrios periféricos que en las últimas elecciones se decantaron por formaciones como Ciudadanos se sumen a las tesis del independentismo.

Òmnium y la ANC marcan distancias

Según reconocen sus propios miembros, los comités «republicanos» renuncian explícitamente a la violencia, sin embargo, se reconocen como herederos de la tradición anarquista de Barcelona. Esta vocación libertaria inquieta a las entidades soberanistas «tradicionales» como Òmnium o la ANC.

La distancia entre los «comités» y organizaciones como la Assemblea quedó en evidencia este martes cuando, tras la suspensión del pleno de investidura, la entidad presidida por Jordi Sànchez decidió pedir a sus manifestantes que volvieran a casa y se desentendió completamente de las movilizaciones organizadas por los CDR, que acabaron con cargas policiales y con un intento de «acampar» ante la cámara catalana.