CATALUÑA

La CUP aprovecha agosto para volver a «sus batallas» en las calles

Hasta su entrada en el Parlamento de Cataluña en 2012, la formación había centrado su actividad en reivindicaciones a nivel local, como las que practican este verano

Grupos de turistas desfilan por las calles del centro de Barcelona, esta semana
Grupos de turistas desfilan por las calles del centro de Barcelona, esta semana - INÉS BAUCELLS
D. TERCERO / A. CABEZA Barcelona - Actualizado: Guardado en: Actualidad Política

Ruedas pinchadas, puertas de negocios sellados con silicona, buses asaltados, hoteles grafiteados... A la espera de la evolución del referéndum ilegal en Cataluña, los grupos antisistema del territorio, arropados por la CUP, pasan el verano intentando extender su «turismofobia» a base de intolerables ataques al turismo, uno de los grandes tesoros de la economía catalana.

Aunque aparecen con cuentagotas y son totalmente minoritarios, los ataques ya han salido del territorio catalán -prueba de ello, los episodios vandálicos en Baleares y País Vasco-. El último ejemplo se conoció ayer, en la costa barcelonesa del Maresme: pancartas y un grafiti en la fachada de un hotel señalando que «el turismo nos hace esclavos».

Hasta su entrada con tres diputados en el Parlamento de Cataluña, el 25 de noviembre de 2012, la CUP había centrado su actividad en «batallas» -en sentido figurado- a nivel local, como las que practican este verano. De hecho, su primera gran prueba de fuego llegó hace tan solo dos años, al ser decisivos para formar el Gobierno de la Generalitat. Tumbaron a Mas, entronizaron a Puigdemont. Entonces, en 2015, pasaron de hacer política en los ateneos de barrio, los casales juveniles, en organizaciones casi clandestinas a quitar y poner a todo un presidente de la Generalitat.

Considerada una formación política asamblearia de la extrema izquierda independentista (acostumbrada a la atomización en decenas de siglas), la CUP está formada por distintas corrientes -todas ellas con entidad política propia- y pivota su ideología en la defensa de tres grandes aspectos: independencia de «los Países Catalanes» respecto a España y Francia, el feminismo radical para darle la vuelta a «las formas de dominación patriarcales» y el socialismo revolucionario contra el sistema liberal, he aquí el motivo su animadversión a un sector, el turístico que supone el 14% del PIB para una ciudad como Barcelona.

Orígenes de Terra Lliure

Los responsables de la CUP suelen hacer siempre una defensa de sus ideas totalmente radical, en las formas y en el fondo. No en vano, en sus orígenes resuenan Terra Lliure, el Moviment de Defensa de la Terra (MDT), su apoyo a Batasuna o, por ejemplo, el Partit Socialista d’Alliberament Nacional (PSAN).

Esta intransigencia llega incluso a límites que tensan en demasía las estructuras internas de la CUP. Sin menospreciar ninguno de los aspectos que unen a todos los grupos bajo sus siglas, algunos priorizan el aspecto «nacional» y otros el «social». Y lo defienden tozudamente. Es en este conglomerado, en el que se sitúan Endavant y Arran, las dos organizaciones políticas que en los últimos días han reivindicado los condenables ataques contra intereses turísticos.

Endavant nació en el año 2000 y en la dicotomía interna (nacional-social) apuesta por la revolución social en todos «los Países Catalanes». Esta formación se llevó el gato al agua (frente a Poble Lliure) cuando la CUP negoció con PDECat y ERC la elección del último presidente de la Generalitat. Endavant tiene unos 150 militantes. Su figura más conocida es la diputada Anna Gabriel, educadora social y profesora de Derecho. Gabriel es buena oradora y los que han negociado con ella explican que es «muy dura e inflexible». Una de sus frases favoritas es: «Nos vemos en las calles».

Arran está considerada la rama juvenil de la CUP, aunque desde la organización política lo niegan. Tienen razón. Arran no tiene vínculos orgánicos con la CUP. Pero una de sus funciones (no escritas) es aportar savia nueva y joven a la CUP. De hecho, Arran centra sus acciones en aspectos que afectan, sobre todo, a colectivos estudiantiles. Nacieron en 2012 tras la fusión de dos grupos muy radicales y absolutamente minoritarios como Maulets y la CAJEI. Entendieron, entonces, que la unión hace la fuerza. Su estrategia pasa por «organizar y movilizar a toda la juventud independentista y revolucionaria» para tirar adelante «la lucha por la liberación nacional, social y de género».

La «turismofobia» de la CUP y sus grupos satélites, y la forma en que tienen de poner en el mapa mediático sus propuestas revolucionarias (con proclamas incendiarias y actos vandálicos) no es más que una de las estrategias que, para bien y para mal, les ha llevado a donde están.

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