ENTREVISTA

Antoni Fernández Teixidó: «El choque de trenes entre Cataluña y España no es inevitable»

El exconvergente lidera Lliures, un movimiento catalanista y liberal que aspira a constituirse en partido

Fernández Teixido, en su despacho
Fernández Teixido, en su despacho - ORIOL CAMPUZANO

A raíz de la deriva independentista e izquierdista de Convergència, Antoni Fernández Teixidó decidió el pasado verano dejar de ser militante del partido que lidera Artur Mas y no sumarse a su refundación, el PDECat. Ahora, el exdiputado del CDS y CDC, y exconseller de la Generalitat, junto con otros exconvergentes -Xavier Cima- y ex de Unió -Roger Montañola-, lidera Lliures. Es un movimiento catalanista no independentista y liberal que aspira a constituirse en partido y concurrir a las elecciones al Parlament.

—¿Por qué dejó Convergència y no se se inscribió al PDECat?

—Por tres razones, fundamentalmente. La primera es porque no soy independentista. Dos: porque la declaración de republicanismo del partido me pareció hecha de manera poco adecuada y en un momento inoportuno. Y tres: porque desde hace tiempo venía denunciando un deslizamiento de posiciones hacia la izquierda por parte de CDC. Convergència, apegada como estaba a todo el «procés», ha tenido que ir evolucionando a posiciones de izquierda para poder cerrar acuerdos con ERC, primero, y con la CUP, después, con el objetivo de salvar el «procés». No comparto esta deriva y así lo hablé con el presidente Artur Mas.

—Ya dijo que si CDC se iba pareciendo a ERC la gente preferiría a ERC, el original, que no la copia...

—Exacto. El PDECat es hoy por hoy un partido independentista y socialdemócrata, y yo no comparto esta orientación.

«Mas es un hombre convencido en los últimos años de que la mejor solución para la Cataluña contemporánea es la independencia. No es cierto que sea un independentista oportunista»

—¿Qué le dijo Mas cuando le explicó por qué se iba? ¿Cómo le justificó el viraje independentista de CDC?

—Mas es un hombre convencido en los últimos años de que la mejor solución para la Cataluña contemporánea es la independencia. No es cierto lo que se dice de que es un independentista oportunista. Él, y mucha gente en Cataluña, por cierto, ha hecho una evolución sincera hacia la independencia creyendo que era la mejor alternativa. Yo no suscribo este planteamiento, no lo he hecho nunca. Mas me entendió perfectamente.

—¿Qué parte de culpa tiene el caso Pujol en el desapego a CDC?

—Algunos de los acontecimientos en torno a este caso no han sido positivos para CDC, aunque no ha sido el factor determinante para las expectativas de CDC. El factor clave son la política de pactos con ERC y con la CUP. La figura de Pujol fue, y es, clave en el catalanismo contemporáneo y... en fin... no hay persona que no vea con una cierta tristeza todo lo que ha sucedido.

—A raíz del «procés», hay muchos movimientos, plataformas o proyectos de partido, para intentar recuperar el nacionalismo, ya sea de izquierdas o derechas. Uno de los comunes denominadores es que en ellos hay exmiembros de Unió, al que no le ha ido bien a nivel electoral. ¿Hay espacio objetivo para el catalanismo político no independentista?

—Hay mucho espacio. ¿Se ha convertido la sociedad catalana en una sociedad genéticamente independentista? Rotundamente, no. Por lo tanto hay un espacio para que el catalanismo político, pero puesto al día, tenga una oportunidad.

—¿Puesto al día? ¿Cómo?

—No desde una perspectiva socialdemócrata un punto izquierdizante, sino desde una perspectiva liberal, que naturalmente tiene muchos elementos a compartir con el humanismo clásico que ocupa el espacio de centro. Todo este espacio en Cataluña se siente huérfano y desconcertado. También hay que hacer otra cosa muy importante: acompañar de una manera cálida a tantos y tantos catalanes que empizan a darse cuenta que probablemente la independencia como objetivo pueda tener su sentido, pero que los objetivos en política tiene que poder ser realizabales, con unos costos razonables. Para todo esta ciudadanía que descubre que probablemente este ni es el camino más adecuado, nace Lliures. Nosotros no somos un «think tank», un movimiento sólo para reflexionar o debatir. Nacemos con clara vocación política, de convertirse en partido. Hay que hacer algo nuevo. Luego, llegaremos a buen puerto no, ya se verá.

—¿Éste algo nuevo no se parece mucho a la vieja Convergència?

—Pues no. Las condiciones en las que se hace política en la segunda década del siglo XXI son distintas. Si tratáramos de reeditar el catalanimo político de los años 80 nos equivocaríamos. Necesita ser puesto al día desde el punto de vista programático, ideológico y organizativo. Hay que interiorizar las lecciones de cuatro años del procés, ver con claridad la inpronta de un liberalismo humanista en la Europa conteporánea, etc. No estamos hablando de ex que siguen haciendo política, sino de un proyecto nuevo que va contar, claro que sí, con algunos veteranos de la política. Que se dirige a un electorado que necesita un nuevo partido y a unos jóvenes que velan armas bajo la bandera de su nueva victoria.

«En las dos últimas elecciones, las autonómicas y generales, voté en blanco»

—¿Pero por qué no ha aflorado esta gente en las últimas elecciones y sí lo han hecho otros nuevos movimientos, como la confluencia de izquierdas que lidera Colau?

—Le contesto en positivo: ¿a que «target» se dirige Lliures? A ese elector que confió en CDC y en UDC durante muchos años y que a finales del año pasado se encontraba profundamente desconcertado con la posibilidad de votar a Unió, que venía de romper con CDC, y en un marco de radicalización política muy notable. Hoy este elector está más seguro que ayer de la dirección que debe tener su voto. También hubo una abstención notable. Mucha gente que conozco se abstuvo o votó por otras formaciones catalanistas no independentistas. El tercer «target» son los jóvenes, que han descubierto que se puede tener una posición crítica respecto al «procés», siendo catalanista.

—¿Usted qué votó en las últimas elecciones, las generales y las autonómicas?

—Voté en blanco.

—Se plantean constituirse como partido en febrero de 2017. Al menos lo intentarán, ha dicho. Entiendo que creen que habrá elecciones autonómicas el año que viene y no el referéndum y la independencia. ¿Cómo creer que acabará el «procés»?

—Tengo tres certezas al respecto: habrá elecciones en 2017, no va a haber referéndum, y todos sabemos que no lo habrá; el president Puigdemont, el primero. Aunque ya no el capítulo de las certezas, pero creo que el «procés» va a ir encontrando dificultades crecientes para consolidar una respuesta unitaria entre los que quieren la independencia.. El referéndum «sí o sí» va a ser «no o no», y ante ello el gobierno catalán tiene dos alternativas: hacer un referéndum parecido al del 9-N, que no lo hará, o convocar elecciones autonómicas anticipadas, o antes del verano o en otoño.

«Tengo claro que ERC será quién va a decidir cuándo habrá elecciones en Cataluña»

—¿De qué dependerá?

—Del grado de ebullición de la caldera independentista. A mayor grado de ebullición, más consolidación del «procés» y otoño puede ser el horizonte. A menor grado, elecciones lo antes posible. Aunque tengo claro quién va a decidir cuándo habrá elecciones...

—¿Quién?

—Esquerra. Y el momento que va a elegir para las elecciones será el que más le convenga a ERC. Unos intereses que se mueven en tres campos. Uno: su apuesta por la independencia. Dos: sus aliados de gobierno, PDECat. Tres: fuerzas emergentes en la izquierda.

—Ustedes están a favor de un referéndum de independencia si fuera pactado con el Estado, vinculante, pero serían proactivos pidiéndolo? Además, ya avanza que la respuesta del Gobierno será «no». Entonces, ¿qué alternativa debería dar el Gobierno a Cataluña?

—Nosotros lo que decimos es que conviene pacificar lo que se ha entendido como proceso y no poner el acento en el proceso como elemento determinante de la vida política, social y económica de Cataluña. Segundo: creo que la ciudadanía catalana piensa mayoritamiente que puede y debe decidir sobre qué puede suceser en Cataluña los próximos años. A mí me parece que solo hay una fórmula. ¿Puede ser un referéndum? Puede. ¿Una consulta pactada y acordada? Puede. Pero tiene que tener efectos vinculantes. No podemos llevar a la ciudadanía a un escenario donde votamos sin efectos, sin consecuencias. Por lo tanto, no hay que apresurarse a tener un referéndum que se celebrará sí o sí. Hay que tener una fórmula de consulta para Cataluña acordada y de acuerdo con las leyes de las que nos hemos dotado.

—¿Si fuera presidente de la Generalitat, en una primera reunión con Rajoy qué le pediría en este sentido, para pacificar la situación en Cataluña?

—La arrancada es sencilla. ¿Podemos sentarnos a dialogar sobre todo aquello que hay que dialogar sin apriorismos y con la confianza de que podemos llegar a un acuerdo? Es muy difícil, diría Rajoy. Mi respuesta: ¿podemos intentarlo? Podemos dar una señal inequívoca de que si en Cataluña se respeta la ley podemos avanzar en resolver buena parte de los problemas que los catalanes, y los andaluces, y los vascos... todos, tenemos? Sabiendo que en un parte deberemos ceder unos y, en otra, otros.

—¿Es partidario de la reforma de la Constitución?

—Sí. Para que Cataluña tenga tanto o más autogobierno y hagamos muy fluida y flexible la relación con España

—Como diría Rajoy: ¿para qué?

—Sólo que nos sentáramos para hablar de esto habríamos dado un paso muy importante. Pero nadie pueda sentarse a la mesa si uno de los dialogantes pretende romper España. Podemos hablar, nos unen muchas cosas... pero hay que abandonar los clichés, el hieratismo. Hay que tener una posición proactiva en la negociación y tener en cuenta que un parta del independentismo seguirá activa. La vía de la independencia de Cataluña es la vía revolucionaria y de los hechos consumados. Una vía que es el relato de un fracaso. La otra vía para avanzar es sentarse, hablar, negociar, construir y modificar la Constitución sin apriorismos. El choque de trenes entre Cataluña y España no es inevitable.

«Puigdemont es un independentista desde el minuto cero. No vacila ni vacilará a la hora de cumplir sus objetivos»

—¿Qué opinión le merecen los casos del 9-N, de Forcadell, etcétera? ¿Son juicios políticos?

—No voy a emitir opinión sobre esto. Lo he vivido muy directamente como para emitirla. Sólo digo que deberíamos poner siempre el diálogo, y la política del diálogo, en el centro de nuestras relaciones. Todo aquello que anima a la confrontación favorece inequívocamente las posiciones más extremas de los que quieren negociar.

—¿Qué le parece Puigdemont?

Puigdemont es un independentista desde el minuto cero. Su prioridad desde hace muchos años es la independencia. No vacila ni vacilará a la hora de cumplir sus objetivos.

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