Alberto Fernández - Tribuna Abierta

Ni proyecto ni presupuestos

Colau antepone la ideología a la eficacia de gobierno, como hace con las «superilles», el improvisado despliegue del carril bici o la imposición del tranvía

Alberto Fernández
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El año 2017 está marcado por una triple adversidad para Barcelona: el atentado yihadista del 17 de agosto en La Rambla, las consecuencias negativas del proceso independentista, con la fuga de empresas y división social, y la mala gestión de Ada Colau.

Mientras, la alcaldesa, más lastre que motor, pretende convertir Barcelona en su «comuna» con su nefasta gestión. Se ha encarecido el transporte público, se consolidan los aumentos abusivos de los últimos años del recibo del agua y se perpetúan las listas de espera para acceder a guarderías, residencias o a la dependencia. Se han agravado las condiciones para acceder a una vivienda, continúan los desahucios -incluso en pisos municipales- y los alquileres se han encarecido un 20% desde 2015, lo que evidencia el fracaso de las políticas de cartón piedra de Colau, que también ha recortado las viviendas prometidas de 8.000 a 3.200 para este mandato.

Colau antepone la ideología a la eficacia de gobierno, como hace con las «superilles», el improvisado despliegue del carril bici o la imposición del tranvía. Mientras, se retrasan los proyectos de Glòries o la cobertura de la Ronda de Dalt en Horta-Guinardó. La Barcelona fuera de la ley se multiplica, con el aumento de la victimización -uno de cada cuatro barceloneses fue víctima de ello en 2017- y del incivismo, y se disparan las molestias por las ocupaciones ilegales. Por otra parte, la burocracia se enquista, con una media de 135 días para obtener una licencia de obras o actividades económicas.

Queda poco más de un año para las elecciones municipales y es necesario empezar a configurar una alternativa a la alcaldesa, porque si ha gobernado no ha sido por tener socios de gobierno, sino cómplices en la oposición, como el PSC que fue su socio. Incluso Ciudadanos apoyó a Colau en su propuesta estrella: el Plan de Vivienda.

La alcaldesa mantiene un pacto de colaboración con el PDECat y ERC, convirtiéndose en la cooperadora necesaria del independentismo y poniendo Barcelona al servicio de la secesión. Esto le permitió aprobar inicialmente los presupuestos por parte del independentismo agradecido pero ahora la falta de apoyos en el trámite final le ha llevado a una cuestión de confianza, que no ha superado. Esto demuestra que la transformación de Colau en la alcaldesa del independentismo no ha servido de nada y confirma que, tres años después de llegar al Ayuntamiento, sigue sin proyecto para Barcelona y sin presupuestos aprobados.

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