Eva Granados - Tribuna Abierta

El paisaje informativo

El Parlament aprobó una ley y una resolución con vocación de mejorar las condiciones de vida de dos colectivos que merecen especial atención. Ambas, con poco eco

Eva Granados
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En el pleno celebrado 100 días y una semana después de su constitución, el Parlament aprobó una ley y una resolución con vocación de mejorar las condiciones de vida de dos colectivos que merecen especial atención: las personas jóvenes y las que están en riesgo de exclusión social. Ambas, con poco eco.

La primera ley de esta decimotercera legislatura -que no sabemos si se va a quedar en cuatromesina- ha sido la que ha permitido un respiro de tranquilidad a miles y miles de jóvenes que iniciaban su formación universitaria. La exigencia del nivel B2 de una tercera lengua creaba una grave fractura, ya que hubiese impedido el acceso a formación superior a los jóvenes de familias que no habían podido asumir el coste de una educación lingüística complementaria. La ley no sólo prevé la moratoria en esa exigencia, también dota al gobierno de los recursos necesarios para que los y las estudiantes puedan obtener las competencias básicas en una tercera lengua.

En el mismo pleno se exigió a la administración de la Generalitat que agilice los plazos para recibir la Renta Garantizada de Ciudadanía. Una exigencia sustentada en los 14.000 expedientes pendientes todavía hoy de resolución.

Ambas iniciativas fueron promovidas por el PSC, pero lo más importante es que ambas surgieron del contacto constante entre los diputados y diputadas socialistas y la sociedad a la que sirven. En un caso, Alícia Romero, Esther Niubó y Pol Gibert trasladaron la inquietud del Consejo del Estudiantado de las Universidades Catalanas; en el segundo, la propuesta de resolución promovida por Raúl Moreno daba respuesta a la reivindicación de la comisión impulsora de la ILP por la renta garantizada.

Pero lamentablemente poco habrán leído, visto u oído sobre lo que aprobó el Parlament, porque entre las muchas cosas que se ha cargado eso que llaman «procés» está nuestro paisaje informativo. El espacio de los medios y la paciencia de los lectores y espectadores son finitos, pero la capacidad del independentismo para pretender ocupar todo ese espacio y acabar con esa paciencia, en ocasiones, se me antoja infinita.

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