Cataluña

Omella evita cualquier referencia a la situación política catalana en su glosa de la Diada

El arzobispo se desmarca del tono político de su antecesor Lluís Martínez Sistach y dedica su carta dominical a ensalzar la necesidad de integración social de los inmigrantes

Monselñor Omella asumió las riendas del arzobispado de Barcelona en diciembre del año pasado
Monselñor Omella asumió las riendas del arzobispado de Barcelona en diciembre del año pasado - EFE
E. A. Barcelona - Actualizado: Guardado en: Cataluña

El arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, sigue centrado en su labor pastoral sin entrar en política. En su glosa dominical de mañana, Diada de Cataluña, Omella elude cualquier referencia a la coyuntura política catalana y centra su escrito en la ensalzar la necesidad de integración social de los inmigrantes y en denunciar las trabas de la ley de extranjería.

El obispo, que tomó las riendas del arzobispado el 26 de diciembre de 2015, se desmarca así del tono político de su antecesor, el cardenal Lluís Martínez Sistach. En su escrito dominical del 11 de septiembre de 2014, Sistach subrayó que «para los cristianos es fundamental el amor a Cataluña». Más reciente fueron sus declaraciones en la misa de este año que se ofició con motivo de la festividad de Sant Jordi, en la destacó a Cataluña como un pueblo que quiere mantener sus esencias «como nación». Juan José Omella no oficiará mañana la misa de la Diada, aunque sí asistirá hoy al acto institucional convocado por la Generalitat con motivo del 11 de septiembre.

Solo quieren «vivir con dignidad»

En su glosa de mañana, Omella afirma que «nuestras comunidades cada vez serán más multiculturales» y hace suya una declaración del delegado de la Pastoral Social del Arzobispado de Barcelona, Josep Maria Jubany, que resaltaba que «en un mundo globalizado donde no hay fronteras para el dinero ni para las mercancías, se ponen trabas a la libre circulación de personas, cuando de hecho lo único que quieren es vivir con dignidad». En este sentido, Omella recuerda que hace diez años nació la Plataforma de Entidades Cristianas con los Inmigrantes, que reúne veinte entidades cristianas con sede en la archidiócesis de Barcelona.

«Los objetivos de esta plataforma son constituir una red de solidaridad e intercambiar información y coordinación; crear un espacio permanente para reflexionar sobre las dimensiones del fenómeno migratorio y los retos que plantea; y ser una voz cristiana pública al servicio de la convivencia, la integración social y el respeto a la dignidad y los derechos de las personas», señala en su glosa.

«Neutralizar prejuicios y miedos»

Otro de sus objetivos es, según apunta en la glosa, «sensibilizar a la ciudadanía, neutralizar prejuicios y miedos, promover actitudes favorables a la acogida y la integración, así como influir en las decisiones políticas».

Omella resalta que esta plataforma defiende «seguir denunciando la vulnerabilidad en que se encuentran muchos inmigrantes, las leyes de extranjería cada vez más restrictivas y, sobre todo, que se deben dar a conocer las causas que provocan la inmigración y tratar de actuar sobre ellas». El arzobispo de Barcelona recuerda que entre 2000 y 2009 Cataluña recibió un millón de personas extranjeras, muchas de las cuales pudieron regularizar su situación, informa Efe.

«Pero en 2007 llegó la crisis económica y una buena parte de estas personas se quedó en la estacada, sus proyectos personales o familiares quedaron rotos y muchas tuvieron que irse a sus países de origen o en otros países», subraya el prelado. «El reto actual es la integración de los que se han quedado o han llegado. Establecer relaciones de amistad entre comunidades es una necesidad esencial», defiende monseñor Omella.

Llamados a «hacer comunidad»

«Como arzobispo de Barcelona, veo con alegría que en muchas parroquias hay gestos concretos de acogida a las personas recién llegadas», añade Omella. Confiesa que ha leído «con interés como el obispo Joan Carrera hablaba con elogio de la función de integración social que hicieron muchas parroquias de la periferia de Barcelona con la inmigración interna española de los años 50 y 60 del siglo pasado».

«Ahora, la población inmigrante de Cataluña es más plural y más lejana culturalmente. Pero el espíritu integrador de las parroquias es el mismo. Todos juntos estamos llamados a hacer comunidad», concluye el prelado.

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