Sergi Doria

Loca semana telemática

Acabe como acabe el 30 la enésima semana loca «indepe«, un gurú de las nuevas tecnologías como Puigdemont necesita de un canal para su telepredicación

Sergi Doria
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No es extraño que Carles Puigdemont congregara a trescientos asistentes en la Universidad de Copenhague el pasado lunes. También el olvidado Varufakis despertaba expectación entre la muchachada progre barcelonesa con la alcaldesa Colau al frente. Los que dividen el mundo entre buenos y malos siempre tienen un público dispuesto: la demagogia es de fácil deglución. El President Telemàtic iba a Dinamarca con la ilusión de que una euroorden se lo llevara detenido a España. Habría sido un “momentazo” mediático. Puigdemont abordado por policías de paisano al descender con su amigo Jami -el de las ferias de Girona- de un avión de Ryanair.

Pero, como decía el clásico, fuése y no hubo nada. O sí. Hubo una conexión “telemática” con el aula danesa. El pretendiente a la Generalitat regurgitó lo acostumbrado: la sombra de Franco, la represión, esto no es justicia, es venganza, el pueblo catalán plantará cara al “autoritarismo”... En fin. Nada que no haya dicho antes. También lo había dicho el tránsfuga Ernest Maragall en su discurso rabioso del Parlament rematado con una sentencia muy propia de la oligarquía nacionalista: “Este país siempre será nuestro”. Una acotación: Maragall fue el consejero de Educación del Tripartito que sugirió aumentar una hora la enseñanza del castellano –verbigracia, cumplir la ley después de años de incumplimiento. Los de Esquerra le pegaron bronca, Montilla se puso de perfil... y “el Tete” Ernest se hizo independentista.

Volvamos a Puigdemont porque en la tierra de Hamlet tenían serias dudas sobre la bondad de sus propuestas. La universidad danesa no era un plató de TV3, ni un “matí” de Catalunya Ràdio. El caudillo de Amer no veía policía en el auditorio -el estilo 1-O le hubiera ido de perilla- y una docta politóloga danesa, Marlene Wind, le lanzaba preguntas molestas para quién está más acostumbrado a la realidad virtual que a la legal. “¿Democracia es solo hacer referendums y encuestas de opinión o también respetar la legalidad y la Constitución?” El expresident se defendía a su manera, es decir, divagando; lo de que la democracia en España es papel mojado ya suena como la “La Marsellesa” de Gainsbourg a ritmo de reggae: “Aux armes, et caetera...”

Estaba claro que Wind no era Terribas. Que si Puigdemont perseguía la “balcanización” con doscientos estados reclamando su identidad en peligrosa deriva; que si en la región más rica de España hay gente que se comporta como niños malcriados que quieren liberarse de los pobres con la excusa independentista; que no se estaban respetando los derechos del más del cincuenta por ciento no independentista; que Putin estaría muy contento... En el “nord enllà” tan loado por los catalanistas, Puigdemont no halló la pócima mágica que había de realzar su maltrecha imagen en una Europa que no quiere saber nada de nacional-populismos. ”¡Serem la Dinamarca del Sud!”, clamaba Mas mientras la Generalitat eludía el pago de las guarderías... Pero el modélico “petit país” en el que se proyectó la Cataluña independiente no traga. “Nos ha tomado como rehenes para montar su circo... Quería atención y mostrarse como una víctima del gobierno español”, escuchó a sus espaldas.

En Copenhage, el fugitivo descubrió que la frase de Francesc Pujols -cuando vayamos por el mundo, los catalanes, por el mero hecho de ser catalanes, lo tendremos todo pagado- era una broma cruel. Pero el nacionalismo, es bien sabido, se lo toma todo en serio...

Acabe como acabe el 30 la enésima semana loca “indepe”, un gurú de las nuevas tecnologías como Puigdemont necesita de un canal para su telepredicación. TV3, que ocultó la parte fea de su comparecencia danesa, podría poner su parrilla al servicio de la presidencia telemática. “Aló Presidente” de Hugo Chávez sería un modelo para alguien que quiere estar conectado con ese país que “siempre será nuestro” -es decir, de ellos.

Además de denostar a España, el President Telemàtic podría evocar anécdotas de su época de periodista en El Punt; tararear canciones de Llach; versionar a Gil de Biedma, como en aquella torticera intervención del Parlament... Podría pasarnos la fórmula de aquellos “xuxos” que devoraba en Gerona mientras repite -a él se le perdona la sal gorda-, que “el Estado Español tiene un pollo de cojones”. Y como llenar la programación televisiva requiere de fiel infantería, el President Telemàtic podría contar con el auxilio humorístico de “los tonis” (Toni Soler y Toni Albà), la divulgación sardanista y castellera del conseller de Cultura Lluís Puig... A falta de programa, programas (de tele).

Seguro que barrería en audiencias... El coste económico lo sufragarían sus votantes aligerando así el oneroso presupuesto de TV3. El President Telemàtic -¿o Telemàgic?- prolongaría esa fantasía que sitúa a Cataluña en el mapa de los países que ya no crecen.

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