Mensajes más contundentes en la Diada marcados por la inminencia del referéndum - Vídeo: ATLAS

El independentismo pierde 800.000 manifestantes desde 2014

El soberanismo secuestra de nuevo la Diada con una gran concentración en Barcelona en la que la señera volvió a quedar arrinconada por la «estelada»

BarcelonaActualizado:

A golpe de Diada, el soberanismo ha construido el «proceso»: con la manifestación de 2012 Artur Mas ponía en marcha la desconexión, y con la marcha del lunes Carles Puigdemont y las asociaciones soberanistas pretendían reforzarse ante las semanas decisivas que se avecinan antes del pretendido referéndum del 1 de octubre. Ni en 2012 Mas consiguió la «mayoría indestructible» que ansiaba adelantando las elecciones, ni el referéndum está ahora más cerca que antes de su convocatoria la pasada semana, como tampoco la Diada de 2015 sirvió para ganar el «plebiscito» del 27-S. Este lunes, el entusiasmo con el que decenas de miles de voces coreaban «¡Votaremos!» contrastaba con la realidad de unas cifras que señalan que aunque el soberanismo conserva una poderosa capacidad de movilización, el vigor no es el mismo que en años pasados, de manera especial cuando el movimiento, aglutinado alrededor de la consulta del 9-N, tuvo en 2014 su pico.

El Ayuntamiento de Barcelona cifró la asistencia en la concentración del lunes en un millón de personas. En comparación, en 2012, en la primera gran marcha del soberanismo, la policia local estimó 1,5 millones. En 2014 calcularon 1,8 millones; en 2015, 1,4 millones; y en 2016, con varios actos descentralizados en varias poblaciones catalanas, se calculó una asistencia de 875.000 personas. El precedente más cercano, en la concentración contra los atentados terroristas que llenó el Paseo de Gracia hace dos semanas, la Guardia Urbana dio medio millón de personas. Por su parte, y en un cálculo mucho menos generoso, la Delegación del Gobierno calculó ayer una asistencia de 350.000 personas, cuando en 2014 habló de 520.000. Sociedad Civil, por su parte, estimó 225.000.

Abucheos

Cifras al margen, lo cierto es que los organizadores -ANC, Òmnium y la Asociación de Municipios Independentistas- consiguieron su objetivo de llenar la cruz que forman el Paseo de Gracia con la calle Aragón de Barcelona. La concentración se desarrolló sin incidentes y con el habitual despliegue de pancartas, camisetas y banderas esteladas, la enseña que desde que comenzó el «proceso» ha secuestrado a la oficial «senyera», ahora casi una rareza y símbolo de que el «conflicto» es tanto un intento de romper con España como interno en Cataluña.

La habitual salva de abucheos e insultos con la que los más radicales recibieron a la delegación del PSC en la ofrenda a Rafael Casanova de la mañana -Ciudadanos y PP ya hace años que se ahorran el bochorno- demuestra que en paralelo a la fiesta de caras pintadas y a la ausencia de incidentes que ha caracterizado las marchas de la ANC de la tarde corre en paralelo un soberanismo que en ningún caso preconiza la «revolución de las sonrisas». Otro tanto puede decirse de la manifestación de la CUP que, entrada la noche, acabó con la quema de banderas de España, Francia y Europa.

Antes de que los socios de Puigdemont mostrasen de nuevo su cara más radical, la ANC celebraba por la tarde el «éxito» de su convocatoria. Y como en «diadas» anteriores, daba el tono de lo que está por venir en las próximas semanas. Si en 2014 una exaltada Carme Forcadell se dirigía al presidente Mas con aquel célebre «¡presidente, ponga las urnas!», previo a la consulta de noviembre, ayer el presidente de la entidad, Jordi Sánchez, señalaba al soberanismo el camino de la insumisión. Sobre la «nueva legalidad» creada desde el Parlament, ya nadie, ni el Gobierno ni el Tribunal Constitucional, les vincula, dijo. La única legalidad que asumen es la que emana del Parlament: «Nuestra obediencia es para nuestro Govern».

Empieza el «mambo»

«A los que nos quieren confinados en nuestras casas hoy les hemos dado una nueva lección de democracia, porque hemos ganado de nuevo la calle, desafiando amenazas y el miedo, y esta es la actitud y la vitalidad que nos hace ganadores como país, y con ella no pueden ni jueces, ni fiscales, ni guardias civiles», añadía el líder de la ANC.

Desde el Gobierno de Mariano Rajoy, que se reafirma en su postura de firmeza frente al proceso secesionista, se destacó que la del lunes fue la Diada menos numerosa de los últimos años porque la mayoría de los catalanes no quiere ser parte de un movimiento ilegal. El presidente Puigdemont, que en las próximas semanas deberá decidir qué lugar le reserva la historia, se preguntaba por su parte: «¿Qué más hemos de hacer para que se entienda que el pueblo de Cataluña quiere votar?». Como dirían los de la CUP, el «mambo» empieza ahora.