El presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont
El presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont - Inés Baucells

El independentismo catalán se queda solo

Líderes europeos como Antonio Tajani y Jean-Claude Juncker, junto a mandatarios de varios Estados, han mostrado su rechazo al proceso secesionista

MADRIDActualizado:

A la espera de su gran día, del domingo 1 de octubre, la causa independentista no puede vanagloriarse de haber obtenido un apoyo internacional sólido. El «procés» auspiciado por Junts pel Sí y la CUP en el Parlamento de Cataluña no suscita ninguna simpatía en organizaciones intergubernamentales como la Unión Europea o las Naciones Unidas y despierta un abierto rechazo en la mayoría de Estados, que prefieren defender la unidad territorial de España a ceder a los conqueteos del secesionismo liderado por Carles Puigdemont y Oriol Junqueras.

«En el caso catalán, si se compara con otros, la oposición o la falta de apoyo ha sido más fuerte de lo normal», explica Ignacio Molina a ABC. «Ahora los Estados europeos están mucho más a favor de la estabilidad», añade este investigador del Real Instituto Elcano y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, que recuerda que incluso en Québec, Canadá, o en Escocia, Reino Unido, regiones con pulsiones secesionistas, los nacionalistas recibieron más respaldo internacional cuando apostaron por la ruptura: «A Canadá le costó que le apoyara Bill Clinton, que hiciera una declaración a su favor. Además, Jacques Chirac hizo guiños a los independentistas porque era francófonos. En Escocia, aunque no tuvieron un apoyo oficial, sí que recibieron alguna simpatía porque fue un referéndum pactado. Pero cuando es unilateral, como en Cataluña, tiene que darse una situación excepcional para que los Estados lo apoyen». Y sentencia: «En 2017, la comunidad internacional está menos dispuesta a hacer experimentos. Y, a diferencia del caso escocés, el referéndum de Cataluña viola la Constitución».

Ese argumento, el de la ilegalidad, fue el esgrimido en julio por el embajador de Reino Unido en España, Simon Manley, para expresar su rechazo al proceso catalán, que diferenció del escocés recordando que el Parlamento británico aprobó el referéndum celebrado en Escocia en 2014. En la misma línea, hace unos días, el portavoz del gobierno alemán, Steffan Seibert, afirmó que Berlín desea que «se mantenga la estabilidad en España. Y para eso es importante que en todos los niveles institucionales en España sea respetada la ley, naturalmente la Constitución». Recurriendo a la defensa de la unidad territorial, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, se expresó tajante, en el Palacio del Elíseo, en junio, tras su encuentro con Mariano Rajoy: «Solo conozco un socio y un amigo, que es España, España toda entera, España en su conjunto».

Exiguos apoyos

«Cataluña solo ha recibido simpatías de algunos académicos, de algunos premios Nobel», recuerda Molina, en referencia a la campañana «Let Catalans vote» («Dejad a los catalanes votar»), a la que también se sumaron caras conocidas como la artista Yoko Ono, el cantante Silvio Rodríguez o el actor Viggo Mortensen. «Es posible que algún gobierno, tipo Nicaragua o Venezuela, para fastidiar a España, le haga un guiño al proceso catalán», añade el analista. Lo cierto es que el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, sí que se ha posicionado a favor de los secesionistas: en abril, el mandatario se dejó fotografiar con una estelada junto a representantes de la Organització Internacionalista dels Països Catalans Ítaca, un «movimiento político de izquierda» cuyo objetivo es «promover la lucha internacionalista».

Dejando a un lado el citado manifiesto y a Venezuela, la «causa» independentista catalana también disfruta de aceptación entre movimientos con objetivos similares al suyo. Y es que el nacionalismo con tendencia rupturista no es un problema exclusivo de España: varios Estados de la Unión Europea lo padecen en el interior de sus fronteras. Molina recuerda los casos de la Liga Norte, que defiende la secesión de algunas regiones septentrionales de Italia, a las que denomina Padania, y también del nacionalismo flamenco, que anhela desgajar Flandes de Bélgica. Sin embargo, el experto matiza: «El Partido Nacional Escocés no está muy contento con Cataluña porque asociarse con ellos le va mal. Escocia es un caso legal, y los escoceses tienen cuidado de no enfadar a España».

Rechazo de la UE y la ONU

Al tanto del peligro del secesionismo, que dejaría un continente troceado, un puzzle de pequeños Estados, de salirse con la suya, los líderes europeos no están dispuestos a dar alas a ningún tipo de independentismo, incluido el catalán. Por eso, el presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, respondió hace unos días, preguntado por el tema: «Toda acción en contra de la Constitución de un Estado miembro es una acción en contra del marco legal de la Unión Europea. Respetar el Estado de derecho y los límites que impone a quienes gobiernan no es una elección, sino una obligación».Por su parte, en julio, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, también se expresó con contudencia: «Cuando una parte del territorio de un Estado miembro deja de formar parte de ese Estado, por ejemplo porque se convierte en un Estado independiente, los tratados [de la Unión Europea] dejarán de aplicarse a ese Estado». Además, el mandatario explicó ayer que solo se aceptaría el resultado de un referéndum en Cataluña si la consulta se realizara con el aval de la ley, lo que no sucede en estos momentos.

El asunto también está claro para las Naciones Unidas. En octubre de 2015, durante una visita a España, el por entonces secretario general, Ban Ki-moon, ofreció nuevos argumentos contra los independentistas, subrayando que Cataluña no figura «entre los territorios con derecho de autoderminación». Además, el pasado julio, el organismo se negó a incluir al Consejo de Diplomacia Pública de Cataluña, un consorcio dedicado a lograr apoyo para el «procés», en su lista de observadores internacionales.

Aunque el resultado del pulso es imprevisible, la Historia permite hacer algunas cábalas. En 1640, cuando Portugal y Cataluña se desgajaron de la Monarquía Hispánica, el primer territorio obtuvo el apoyo de Inglaterra, mientras que el segundo lo recibió de Francia, pero en forma de un ejército de ocupación; una presencia que, finalmente, los catalanes se negaron a tolerar. Recordando este episodio, José Álvarez Junco, historiador español especializadado en nacionalismos, concluyó que, sin apoyo internacional, un proceso de independencia tiene pocas posibilidades de éxito.