Joan Carles Valero - Letras expectativas

Alimentar el alma Joan Carles Valero

Fidelizar a los turistas que ya nos conocen y conquistar nuevos, son algunos objetivos de un plan que el Govern ha empezado a elaborar

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EL filósofo alemán y ateo convencido Ludwig Feuerbach sentenció a mediados del siglo XIX que «si se quiere mejorar al pueblo, en vez de discursos contra los pecados denle mejores alimentos. El hombre es lo que come». Su materialismo crítico frente a la visión clásica de la iglesia de que el hombre solo necesita pan y agua, además de influir en Marx y Engels, sirvió para acuñar la frase «somos lo que comemos» que ha llegado hasta nuestros días. La gastronomía actual ha evolucionado hasta percibirse como un arte que ha convertido a los cocineros en rutilantes estrellas, comparables a los futbolistas. Y si se mezcla fútbol y gastronomía, el éxito está garantizado. Bien lo saben los hermanos Iglesias en su asociación con los Messi tras abrir este verano Bellavista del Jardín del Norte, porque llenan a diario su restaurante de mil metros cuadrados más mil de jardín con una oferta de pueblo para todos en el centro de Barcelona.

La Generalitat se ha propuesto aprovechar la elección este año de Cataluña como la primera Región Europea de la Gastronomía para convertir en imbatibles las fuerzas del reconocimiento internacional de la cocina catalana y del liderazgo turístico. Gracias a los hermanos Adrià y los Roca y a los Juegos Olímpicos que nos pusieron en el mapamundi, Cataluña ha cosechado éxitos coyunturales que la administración pretende convertir en estructurales con el apoyo de los productores y la potente industria agroalimentaria. Fidelizar a los turistas que ya nos conocen y conquistar nuevos, son algunos objetivos de un plan que el Govern ha empezado a elaborar con la complicidad de expertos como una estrategia compartida.

Hace veinte años que El Bulli consiguió su tercera estrella Michelin en pleno fenómeno disruptivo en el que se hablaba más de técnicas, como la esferificación, que de recetas. Porque escribir de cocina es como hablar de música, que no puede limitarse al solfeo de los platos. En una estela similar a la nouvelle cuisine, el fenómeno de la cocina catalana ha derivado en un exceso de oferta con restaurantes que nacen muertos y otros que se mantienen con relatos huecos de autenticidad. Una situación a la que ha contribuido la crítica gastronómica por limitarse a comunicar solo novedades, en una suerte de dejación de funciones de otros ámbitos de interés y conocimiento, como la seguridad alimentaria, la calidad de la industria y los productores de alimentos, entre otros. Si somos gastronomía, también hay que preocuparse de alimentar el alma.

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