Vallisoletanos junto al mítico «Tren Burra», tras descarrilar una vez en el Paseo Zorrilla
Vallisoletanos junto al mítico «Tren Burra», tras descarrilar una vez en el Paseo Zorrilla
Cultura

Valladolid histórico e «íntimo»

Tras recorrerse las tabernas y los cafés vallisoletanos, el periodista José Miguel Ortega firma su libro más personal

ValladolidActualizado:

Lla narración en primera persona del capítulo que abre «Valladolid desde los sentidos», en el que el periodista y escritor José Miguel Ortega recoge sus paseos diarios hasta el colegio Lourdes desde Panaderos, o los olores que desprendían los comercios, pequeñas tabernas y tiendas de ultramarinos que jalonaban ésta y otras céntricas calles, permite intuir que este último libro suyo es diferente a los anteriores; al menos, es su obra más «íntima y personal». Él lo confirma. «Es el tipo de libro que tienes muchas veces pensado pero lo vas dejando creyendo que a lo mejor no es muy comercial».

La oportunidad le llegó de la mano de una pequeña editorial de Aranjuez, Xerión, cuyo editor fue en búsqueda del autor tras haber leído su libro sobre los históricos cafés de la ciudad. Eso fue a finales de junio del pasado año y en noviembre ya tenía lista esta obra cuya intención, dice, es evocar desde los sentidos la vida cotidiana de la capital del Pisuerga en los años 50 y 60.

El periodista y escritor José María Ortega, con su libro en la calle Platerías de Valladolid
El periodista y escritor José María Ortega, con su libro en la calle Platerías de Valladolid-F. HERAS

Los numerosos cines que albergaba Valladolid, la vida en torno a una de las «heridas» que de forma natural divide la ciudad -el río Pisuerga-, el Campo Grande y la estación del Norte centran los cinco primeros capítulos para adentrarse en el siguiente en los históricos bares y restaurantes . «Era importante hacerlo si quería hablar de los olores», dice el autor, aunque ya había recogido muchos de estos establecimientos en sus libros «Historia de 100 tabernas vallisoletanas» y «Viejos cafés de Valladolid». En él recuerda muchos ya desaparecidos -«La Oficina», «Casa Ciriaco», «Campero» o «La Fragua» (primer estrella Michelin que hubo en la ciudad), entre otros-, pero también algunos otros que perduran como «La Criolla» o «La Sepia».

Y de los olores a los colores

Y de los olores -también los que desprendían mercados y comercios como «Calzados Villalonga» o «El Toro»- a los colores y sonidos recogidos en los siguientes capítulos; los primeros, plasmados en los cambios que experimentaba -y lo sigue haciendo- el Campo Grande al sucederse las estaciones, y los segundos, surgidos de los desaparecidos desfiles militares y todavía hoy procesiones. Y a través de ellos y de los anteriores, José Miguel Ortega va recordando míticos personajes que dejaron «poso» en la ciudad como el entrañable barquero El Catarro, el fotógrafo Vicente Muñoz, habitual del mencionado parque, o Avelina Hernández, viuda del que fuera dueño de «El Penicilino», «que dio con un brebaje con regusto a regaliz que siempre acompañaba de unos mantecados de Portillo». Otros muchos se quedaron en el tintero, apunta el periodista, al que le gustaría algún día recoger a toda esta gente en un libro que se torna un tanto «complicado» por la falta de documentos gráficos.

«Me lo he pasado muy bien escribiendo», admite, por lo que cree que puede gustar a sus lectores. En mente ya tiene otras obras centradas en su ciudad natal, entre ellas una que recorre 200 años de ferias, casetas y circos.