Antonio Piedra - No somos nadie

Supersticiones Antonio Piedra

«Y como nadie está dispuesto a cortar las patas del escarabajo pelotero que es España, todos quieren ser ciempiés»

ANTONIO POEDRA - Actualizado: Guardado en: Castilla y León

Tras el ERE terepéutico que con buen criterio aplica ABC durante el verano a los columnistas autóctonos -los lectores, por simple salud mental, necesitan con toda justicia descansar de nosotros como de los políticos pelmas, insufribles y sectáreos-, servidor vuelve a la brega con pocas esperanzas, con muchas dudas, y con una sola intención: que lo escrito no sirva de guía a nadie. Sólo como vía de escape para transitar con cierto humor por la selva poblada de caníbales en que se ha convertido la política española. Incluso esto lo hago a regañadientes. Después de participar en el balneario de Lanjarón en un extraordinario curso interdisciplinar sobre la terapia de las aguas, tengo claro que nuestros políticos no irán allí a beber las aguas por una razón elemental: no les interesan españoles con mente sana en un cuerpo sano. Seguimos, pues, en las aguas turbulentas y estancadas de siempre.

Lo único claro es que la política española -desde Andalucía a Castilla y León-, se ha convertido en una metáfora kafkiana incontrolable. Uno se acuesta lo más normalico del mundo y se levanta al día siguiente convertido en la metamorfosis de un ciempiés o de un mono. Normal. Son tantos los años que lleva España haciendo experimentos genéticos y piruetas en el aire, que ya son infinitas las especies metamorfoseadas. De hecho ya no caben la especies en el arca de Noé y el pobre Kafka, quién lo diría, se está volviendo tarumba.

La fauna es tan infinita que nadamos en genialidades estelares. Ejemplos. Pedro Sánchez es el no Pedro, el no Sánchez, el no PSOE, la no investidura, y el no de todos los noes. Iglesias en rebajas, parece el extra que vende gratis peras de don Guindo: ya es el no Lenín, el no chavista, el no griego, el no coletas, y el no podemos con lo que nos viene encima. Rivera es como el corcho del alcornoque siempre flotando con ánimo de lucro: el no nenuco, el no chorras a lo Felisuco, el no ciudadanos, el no de cualquier plato poco estofado. ¿Y los separatistas catalanes? Pura esencia española: democracia cañí en dosis de no retorno. Así que entre todos hacen de Rajoy lo que no es: un Churchil de no te menees, tío.

Todo esto supone un enorme retroceso y quiere decir, en contra de lo que escribía Voltaire en su «Tratado sobre la tolerancia»: Que han vuelto con bríos las infinitas supersticiones en política y en pensamiento. A nadie le gustan ni los hechos, ni las políticas, ni las palabras, ni las cojeras del otro. Todo se reduce a magia negra, a confusión, a estereotipos, a metamorfosis raras sacadas del monstruario de Kafka. Y como nadie está dispuesto a cortar las patas del escarabajo pelotero que es España, todos quieren ser ciempiés. En conclusión, hablando seriamente y dado que todos me conocen, creo que el único que puede gobernar esta jaula de locos soy yo.

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