Fernando Conde - Al pairo

Por los pelos

«Amigo Pablo, estás bien como estás. No renuncies a tu cuidada cabellera de príncipe de Bekelar, porque para votar a gente de pelo corto o, incluso, sin pelo, ya tenemos opciones»

Fernando Conde
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Dice Pablo Fernández que si los castellano y leoneses le hacemos presidente en las próximas elecciones se nos corta el pelo. El lance podría entenderse como una de esas absurdas apuestas en las que el cabello acaba pagando el pato de nuestra falta de olfato, pero no. El líder de los morados se cortaría el pelo porque, según sus propias palabras, ser presidente de una comunidad tan seria como ésta requiere proyectar una imagen seria (sic). De lo cual se infieren varias cosas, a saber, primero, que para ser procurador en Cortes vale cualquier «look», pero no para ostentar el máximo cargo público de la región; segundo, que las formas son siempre importantes, muy importantes; tercero, que no es lo mismo representar a unos pocos con los que te sientes -y que se sienten- identificado que a toda una comunidad diversa; cuarto, que llegado el momento, si hay que comulgar con ruedas de molino, se comulga, y si hay que aparentar ser de la casta, se aparenta o, incluso, se es; quinto, que por el amor de Dalila hasta Sansón se corta el pelo; séptimo… el séptimo descansó, que era domingo.

Lo del pelo de Pablo tiene su permanente y sus extensiones. Porque a poco que nos fijemos y tiremos de hemeroteca, nos toparemos con que muchos de los que han llegado últimamente a la política con una mano delante y otra detrás, le han puesto los cuernos al palestino y a la camiseta del Che para irse de copas y fiesta con Domínguez, con Berhanyen o, lo que es peor, con el amo del calabozo capitalista, el demoniaco Ortega. Un buen ejemplo es la alcaldesa amiga de ese pésimo actor llamado Pepe Rubianes. La ínclita ha cambiado su viejo armario de piso de okupa por el vestidor de Eva Longoria. Y aunque el resultado no es el mismo, tampoco es cierto eso de que, aunque la mona se vista de seda…, porque hasta la mona está más mona cuando va bien vestida. ¡Hay que ver cómo son estos chicos!, capaces de renunciar a sus profundas convicciones con tal de servir a los ciudadanos desde las más altas instancias gubernamentales. Pero me pregunto qué pensarán los miles de chavales que aquí, por Villalar, van a la campa con sus coletas y sus abalorios, identificados con sus nuevos apóstoles hasta en el vestir. Qué dirán cuando estos se corten el pelo y se pongan hasta corbata (¡exceso imperdonable!).

Amigo Pablo, estás bien como estás. No renuncies a tu cuidada cabellera de príncipe de Bekelar, porque para votar a gente de pelo corto o, incluso, sin pelo, ya tenemos opciones. Pero en una cosa tienes razón, las próximas elecciones, las gane quien las gane, será por los pelos.

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