Vicente Ángel Pérez - Corazón de León

De nuevo, el invierno Vicente Ángel Pérez

«Por estas tierras no hay verano que dure un septiembre pese a que Ponferrada, con su fiesta de La Encina, que en estos días celebra, se resista a ello»

VICENTE ÁNGEL PÉREZ - Actualizado: Guardado en: Castilla y León

Recién estrenado septiembre, las gentes castellanas y leonesas se preparan y arropan para el largo invierno que se avecina; el que se asoma amenazante en las sombras de las esquinas en donde hasta ayer, en el pletórico verano, estallaba la fiesta, se derramaba cerveza y jolgorio en bares y terrazas de vida estival, o sea, efímera. No importa que el afamado «cambio climático» haya elevado la temperatura a grados inimaginables por estas tierras y que, en este septiembre que anuncia el invierno, todavía haya quienes, al atardecer, no salgan a la calle con la rebeca en la mano o el jersey a la espalda; incluso quienes duerman sin manta, a estas alturas del verano…No importa, en efecto, el cambio climático ni las temperaturas jamás alcanzadas, para corroborar que el invierno está llegando a estas tierras afamadas por el frío y la nieve.

Fue un sueño de verano. Pueblos y ciudades engalanadas para miles de fiestas tradicionales o para las imaginadas por los modernos concejales de Turismo, que, al cabo, tras el último cohete de la feria, regresan a la penumbra invernal, pese a ese sol tan impertinente como agradecido que aún alumbra el regreso a la soledad.

Sí, a la soledad de estos pueblos y ciudades que durante un par de meses recuperaron oxígeno, aire, alegría, esa fuente de la vida en la que durante el resto del año apenas pueden abrevar. Se quedan León y su provincia, pese al esfuerzo de sus gentes, de sus empresarios, de su juventud que se resiste al éxodo, sin el sol del futuro tras la solanera veraniega.

Se va el verano y llega el invierno. Es ley de vida. Se van los «madrileños» y se acabó la fiesta. Se van los veraneantes, los turistas, los peregrinos ocasionales y se apagan los farolillos, se pliegan las sombrillas y se enciende la calefacción, aunque aún sea verano. Por estas tierras no hay verano que dure un septiembre pese a que Ponferrada, con su fiesta de La Encina, que en estos días celebra, se resista a ello. Por León ya anochece pronto… hasta que en diciembre, por Santa Lucía, los días crezcan como las patas de una gallina. Pero el sol por León sólo aparece, de milagro, por la Navidad, una semana para olvidar fríos y penas. Y, a continuación, más invierno, sin primavera siquiera, a la espera de los veraneantes y de los ««madrileños»

Por fortuna, estas tierras leonesas han sido fortalecidas en los últimos años por el músculo de jóvenes empresarios (ahora llamados emprendedores) dispuestos a levantar negocios antaño quebrados o crear nuevas industrias que compitan no sólo en el mercado nacional, sino también en el internacional. Enorme mérito el de estos quijotes leoneses que desafían los molinos secos del otoño y superan los del interminable invierno. El verano volverá. Nunca será el último verano en León.

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