Artes & Letras

Luz no usada

La muestra parisina de Martín-Calero, «4 países, 3 continentes», remite a sus referencias vitales: Francia, España, Estados Unidos y China

Paris Jardin II, obra de Gonzalo Martín-Calero
Paris Jardin II, obra de Gonzalo Martín-Calero
ANTONIO PIEDRA - Actualizado: Guardado en: Castilla y León

En el pasado mes de octubre, ha tenido lugar en París, en el marco incomparable de la Plaza del Louvre, una gran exposición del pintor vallisoletano Gonzalo Martín-Calero. Una muestra amplia y significativa que recoge la obra creativa del pintor realizada en los últimos seis años: pinturas, collages, esculturas, cerámica, dibujos, y en un apartado brillantísimo titulado Joyería. Todo ello, visto desde la distancia del Valladolid profundo que reivindicaba Jorge Guillén a principios del XX, produce melancolía. Al menos en quien suscribe, que ha seguido las evoluciones de esta singular pintura desde sus inicios.

Con Martín-Calero se confirma la regla de los artistas y creadores vallisoletanos: nacen en Valladolid, aquí se arraigan como valor primigenio irrenunciable, pero ay, salvo contadas excepciones, se hacen grandes fuera. Es el caso de Gonzalo Martín-Calero que, hace ya seis años, emprendió el camino de la universalidad, aprovechando que la crisis desbordó el Pisuerga. Cerró su estudio y su fundación, y puso proa a lo desconocido: Europa, Asia, y las dos Américas. Algo lógico por otra parte, pues este pintor siempre vivió con la inquietud que apuntaba Rilke en todo espíritu resuelto: una «muda gravitación» que despierta en la noche «como un ladrón que escala».

Hace ya seis años que el pintor emprendió el camino de la universalidad a causa de la crisis

En estos seis últimos años, la actividad creativa de Martín-Calero ha sido realmente excepcional y trepidante, tal y como se recoge en el título de esta exposición en la plaza del Louvre: «4 países, 3 continentes». Se trata de nuevo espacio para una pintura estremecida que recorre una por una sus nuevas referencias vitales: Francia, España, USA y China. No lo hace como un mero espectador que se llena de impresiones para tomar apuntes que expiran en un trazo y ahí acaba casi todo, sino con la visión esencialista de un artista -eso ya lo aprendió en Valladolid aspirando un paisaje sobrio y sin escapatorias- que hace pie en otras realidades con innumerables escalas.

Yu Yang Shanga, obra de Martín-Calero para su exposición parisina
Yu Yang Shanga, obra de Martín-Calero para su exposición parisina

Una riqueza explosiva que, tal y como dice el pintor en la entrevista que aquí le hacemos, equivale a un gozo existencial que necesitaba como agua en mayo, pues estamos hablando, según expresión propia, de «un gozo de la existencia en una totalidad de belleza». Es decir, de algo imponente que capta la vista o el sentido nada más abrir el balcón de las aperturas lingüísticas, geográficas, estéticas, filosóficas y amorosas. Una «luz no usada», que al modo de Fray Luis de León, rebosa en nuevos paisajes, y en perturbaciones sonoras. Por esto mismo decía Pino que la pintura de Martín-Calero buscaba «astro y testuz». Es decir, luz en su raíz más nítida y expansiva.

Decía Francisco Pino que la pintura de Martín-Calero buscaba «Astro y testuz»: la luz en su raíz más nítida y expansiva

Cualquiera de las pinturas, collages y dibujos de esta gran exposición -tan lejos de Castilla pero tan cerca- se enfrenta al asombro lumínico de colores, de búsquedas, y de técnicas como un nuevo florecer o una resurrección vital. A veces de manera deslumbrante como ocurre en los cuadros de jardines, o en los que usa el pan de oro o la plata envejecida, como si buscara de ex professo aquellos abismos que todavía no se han saciado de hermosuras porque, sencillamente, no han sido alumbradas tal y como se expresan en estos tres continentes. Y de este giro tan original, esta pulcritud expectante que, esperemos, podamos ver un día aquí, en esta vastedad mesetaria donde las lejanías respiran.

Paysage-2116
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