Guillermo Garabito - La sombra de mis pasos

Nieve en el tejado

«Los hombres del tiempo, que ya se sabe que nunca aciertan, esta vez –en los registros queda– lo habían avisado. Ya lo decía ayer el director de la DGT...»

Guillermo Garabito
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En mi infancia la nieve de mis recuerdos creo que está puesta por la nostalgia –que es el «Photoshop» de la memoria–. Nunca tuvimos que pasar un día sin clase por alguna nevada y tal vez este sea uno de los traumas por el que la nieve me alegra, siempre y cuando no suba más allá de las rodillas. En el caso de la nieve de estos días, que es la vuelta a la infancia aunque en la infancia nunca nevara, habrá culpables.

Porque España es un conjunto de exigencias: autonómicas, locales y particulares… En general cada español tiene una cruzada propia para que el Estado satisfaga sus reivindicaciones personales. Hay cuarenta millones de exigencias que a veces se ponen en común, como cuando nieva. Primero porque no llueve y después porque llueve o porque nieva. Que no propugno yo el conformismo, pero las redes sociales son ya sólo una plataforma en busca de culpables que nunca duerme. Y si no los hay se siguen exigiendo, hasta que aparece otro tema que requiera responsables y con el que se vuelquen los tuiteros ociosos hasta próxima ocasión mejor. Cada español, a este ritmo, acabará teniendo –por mandato constitucional– derecho a un culpable de sus infortunios. Y si no lo encuentra se le asignará uno de oficio.

Los hombres del tiempo, que ya se sabe que nunca aciertan, esta vez –en los registros queda– lo habían avisado. Ya lo decía ayer el director de la DGT cuando declaró algo así como un «pero qué me estáis contando». Hacia una semana que se habían dado previsiones y alertas rojas y de todos los colores. Pero España es un país que se dedica a pedir dimisiones en la oposición y culpa a Dios cuando gobierna.

España es Madrid paralizada cuando llueve. En Madrid cuando caen cuatro gotas la gente pierde el AVE, el trabajo y la cabeza. Pero lo de este fin de semana no eran cuatro copos sólo. En esta búsqueda de culpables, que es lo que viene siempre cuando sale el sol, pocos apuntarán a los conductores que se pusieron en carretera sin cadenas y sin consultar las previsiones. Mirarán, y también con parte de razón, a Abertis –Iberpistas– en el caso de la AP6, como encargada de asegurar, por contrato, la seguridad, el buen estado y las quitanieves. Pero por allí ni estaban ni se las esperaba antes de la UME.

La estampa desde aquí es evocadora. Nieve en el tejado y una alfombra blanca por el páramo. Más allá, el caos.

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