Morante, al natural, durante su actuación en el coso de Valladolid
Morante, al natural, durante su actuación en el coso de Valladolid - F. HERAS
TOROS EN VALLADOLID

El «morantismo» como religión

VALLADOLIDActualizado:

Dado que el «morantismo» viene a ser una religión entre un público taurino cada vez más descreído, que rinde culto a una singular personalidad, la segunda función del diestro de La Puebla recién reaparecido se programó para este Domingo de la Ascensión en Valladolid. Festejo en honor de San Pedro Regalado, franciscano patrón de los toreros y de la ciudad, con ambiente de máxima expectación y el coso del Paseo de Zorrilla casi lleno en tarde fresca. José Antonio, en medio de este panorama, tuvo que vencer la ira de Eolo, sobre todo ante el cuarto, al que cortó un apéndice tras una faena en la que destacaron dos series por la mano derecha, alguno de pecho muy ceñido y diferentes adornos. Afloran ahí el duende, el embrujo, el sabor a torería añeja, el desmayo. En el toreo elemental y en el accesorio. O en cualquier detalle de la lidia. Ante su flojísimo primero quedó inédito.

Valladolid quiere a Manzanares, más allá de su perfil mediático. Tras la ausencia del pasado septiembre, el torero alicantino salió a hombros al obtener sendas orejas. Impoluto, impecable, su toreo rebosa pulcritud y estética aunque a veces adolezca de escaso ajuste. Tiene además el don del temple levado a la categoría de despaciosidad. Porque al ralentí firmó series de redondos ante sus dos oponentes, de mano baja, y supo darlos aire entre las tandas.

Por su parte, Alejandro Talavante demostró frescura e improvisación ante el tercero, sobre todo al terminar las series, rematadas tan pronto con afarolado como con un cambio de mano. Del estatuario inicial al epílogo por manoletinas, hilvanó una faena de firmeza y amplio repertorio, que no culminó con la espada. El último resultó ser un inválido sin opciones.

Los astados de Núñez del Cuvillo fueron de beatífica condición. Bonitos de hechuras salvo el negro listón quinto. Nobleza y fijeza al seguir los engaños, metiendo la cara en sus embestidas mientras las fuerzas les acompañaban. Algunos con galope alegre de salida. El cuarto se resistió a doblar, amorcillado, en una muerte casi de bravo. Nada nuevo bajo el sol ganadero de nuestro tiempo