Cultura

«Luis de los Cobos es tan patrimonio de Castilla y León como la Catedral de Burgos»

La OSCyL, dirigida por Temes, estrenará «El Pinar perdido», sinfonía póstuma del compositor vallisoletano

H. DÍAZ Valladolid - Actualizado: Guardado en: Castilla y León

Ha costado, pero finalmente «El Pinar perdido», la sinfonía póstuma del compositor Luis de los Cobos, (Valladolid, 1927-Ginebra, 2012), verá la luz sobre el escenario. Lo hará el próximo 13 de octubre en el Teatro Calderón de la capital vallisoletana, de la mano de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, a las órdenes de José Luis Temes, amigo personal y valedor de la obra de este maestro.

De esta forma, la agrupación dará a conocer la última obra escrita por De los Cobos, compositor que cuenta con más de la mitad de su producción por estrenar, víctima, según Temes, de la «nula atención» que, por lo general, «las orquestas de nuestro país prestan al patrimonio español». Precisamente fue José Luis Temes quien se armó de paciencia para recomponer como si de un puzzle se tratase la última sinfonía del compositor afincado en Ginebra. «De los Cobos era muy buen informático y manejaba admirablemente las versiones más sofisticadas de programación musical, pero en su decadencia final organizó un caos informático, intentando hacer él mismo los cortes en la obra, retocar fragmentos anteriores, trasladar copias de un disco duro a otro... Y en ese desorden, quedaron a su suerte los archivos de ‘El Pinar perdido’ en tres ordenadores de Ginebra», recuerda Temes en sus escritos sobre el autor.

F. HERAS

Aunque hace tiempo que había asegurado que no volvería a componer, De los Cobos se volcó con «El Pinar perdido», fruto de su reencuentro con el que fuera su hogar de infancia, el Pinar de Antequera, que daba precisamente el nombre a la finca familiar, donde su padre fue detenido y fusilado al comienzo de la Guerra Civil cuando él apenas contaba con 9 años. Décadas más tarde, en 1952, abandonaría Valladolid, para ganarse la vida como traductor de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) en Ginebra.

Fue en una de sus visitas a Valladolid, a sus 83 años, cuando confesó a sus amigos que no quería morirse sin volver a recorrer el lugar en el que fue asesinado su padre. «Le advertimos del coste emocional de ese paseo, pero nos dijo que aún mayor sufrimiento le causaba no haber vuelto a pisar aquel lugar desde entonces», rememora Temes. De saldar esa deuda consigo mismo nació ésta, su segunda sinfonía, que le llevó casi dos años de trabajo. «Era un hombre muy obsesivo con la composición y terriblemente triste con la visión de su vida», describe José Luis Temes, que lo achaca a su «difícil» infancia y orfandad durante la guerra.

«Eslabón perdido»

Los cuatro movimientos de la obra están relacionados con aquel enclave de Valladolid, hoy convertido en barrio de la capital. El primero, donde relata la sensación de llegada al lugar, se llama «Olor de piña». Le siguen «Sueño de mariposas», relacionado con la época en la que se llevaron a su padre, en plena primavera; «Coral del tomillo muerto» es el tercero y en el cuarto, «Desde el otro lado», traslada su visión del lugar una vez que ya se aleja de él.

No es la primera vez que Luis de los Cobos y la OSCyL cruzan sus caminos. La última, en vida todavía del compositor, fue cuando José Luis Temes grabó al frente de la Sinfónica de Castilla y León la integral de su obra orquestal. Por entonces era gerente de la OSCyL Félix Alcaraz, el mismo que confió al maestro la reconstrucción de esa obra póstuma para luego estrenarla. Hasta la fecha no había sido posible que subiera al escenario el trabajo de este compositor a quien Temes se refiere como un «verdadero eslabón perdido en la historia de la música española». «Luis de los Cobos es tan patrimonio de Castilla y León como la Catedral de Burgos, y eso es lo que nos cuesta mucho entender», reseña el maestro, quien no entiende «determinados criterios» de programadores que creen que el «verdadero sentido» de la orquesta es tocar a Shostakovich o Chaikovski.

Sin ánimo de echar más leña al fuego, Temes se muestra satisfecho de que finalmente «El Pinar perdido» se pueda estrenar. Además, la satisfacción será doble, ya que el programa se completará con otra obra, «Nana del Campo Grande» (2003), para violín y piano, con la que De los Cobos obsequió a Temes tras el nacimiento de su segunda hija. Un trabajo que, recuerda, fue escrito para Ara Malikian, aunque nunca la llegó a estrenar. Ahora lo hará de la mano del hijo del compositor vallisoletano, el pianista Sergio de los Cobos.

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