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José Jiménez Lozano: «Parece que hoy no se espera nada de la narración ni de la vida»

El escritor confiesa su impresión de que los actos en torno a Santa Teresa y Cervantes han conmemorado «a dos figuras jubiladas y como de la tercera edad»

José Jiménez Lozano, en su estudio
José Jiménez Lozano, en su estudio - F. HERAS
ANTONIO PIEDRA - Actualizado: Guardado en: Castilla y León

—2015 y 2016 han sido dos años de homenajes oficiales a veces muy criticados, ¿Usted ha salido escaldado del homenaje de Teresa de Jesús y de Cervantes o le han resultado interesantes en algún sentido?

—Los homenajes son asuntos oficiales y quienes los organizan son los que deben decir si les salió bien o mal. Por mi parte, la charleta que di, invitado por la UNED en 2014, la narración sobre Santa Teresa que publiqué en 2015 junto a un estudio histórico de Teófanes Egido, y luego la otra charleta sobre Cervantes, en el curso que usted organizó en Urueña, me ofrecieron la sensación de estar conmemorando a dos figuras jubiladas y como de la tercera edad. Santa Teresa como antigualla religiosa, y Cervantes excluido de las enseñanzas oficiales en 2OO7.

—Le hacía la pregunta anterior sin ánimo de polémica. De su última novela, Se llamaba Carolina, que acaba de aparecer, una parte de la crítica ha dicho, precisamente, que se trata de un homenaje a Shakespeare. Personalmente no comparto ese criterio, ¿qué piensa usted al respecto?

—La representación de Hamlet es el elemento más llamativo de la relación entre el narratario y la protagonista pero no el más importante, aun siendo el eje narrativo.

—Lo cierto es que Se llamaba Carolina gira en torno de la representación teatral del Hamlet de Shakespeare por parte de un grupo de actores. Pero su novela parece más bien la excusa para hacer algo muy distinto al Hamlet, ¿sería correcta esta apreciación?

—Ciertamente cuento una historia a propósito de una representación de Hamlet, y es una historia muy distinta.

—En este sentido, ¿no piensa usted que el personaje central de su novela, Carolina, emerge en su obra como la anti Ofelia de Hamlet?

—Carolina quiere encarnar a Ofelia para representar bien una vida que no es la suya, aunque fuera la antítesis de ella.

—¿No ocurre algo parecido con el propio Hamlet que en Shakespeare encarna la melancolía perpetua del ser, y en su novela aparece como la «carcoma» de la existencia?

—Es la Arlequina, una persona muy desgraciada, la que dice esto de la melancolía como carcoma, y ella precisamente otorga alegría.

—De hecho, entre el personaje que quiere hacer de Hamlet y la actriz que hace de Ofelia, o sea Carolina, las hostilidades son evidentes cuando dice Alejo: «¡Buena suerte a todos, y sobre todo a Ofelia!». ¿Hablamos de vitalismos enfrentados o de roles inasumibles en la actual condición femenina?

—Hablamos de vitalismos. No creo en supersticiones intelectuales como la del hombre moderno o la mujer moderna. No sabemos si la peluquera de Ofelia también la dijo: ¡Que se suicide él!

—Suscita usted un aspecto interesante en su novela que afecta a la veracidad de los personajes en escena confrontados con los del cine. ¿Cree que la realidad palpable del teatro en escena tiene la batalla perdida frente a las sombras que se proyectan en la pantalla?

—Esto dice alguna gente de la narración, y es cierto. El teatro fue siempre una historia, contada con frecuencia con una sábana al fondo. El decorado y los efectos especiales comenzaron a ser necesarios con los autos sacramentales que las gentes no entendían, pero las fascinaba que el dragón echara fuego de verdad por la boca.

El teatro es literatura y le ocurre lo que a ésta. Parece que, hoy, no se espera nada de la narración ni de la de vida, sino más bien la nada con efectos especiales: erotismos y politiquerías.

—La riqueza narrativa de Se llamaba Carolina es evidente en cada uno de sus 14 capítulos, ¿quiere decir que estamos ante su obra más compleja y formalmente más novela?

—La historia es bien sencilla, pero la vida humana es siempre compleja.

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