Ignacio Miranda - POR MI VEREDA

Al atardecer de la vida Ignacio Miranda

El amor fraterno de los tuyos debe prevalecer ante la gélida burocracia de despacho

En nuestro marchoso cotarro nacional, han tenido siempre un especial protagonismo las hermanas, porque a la genética no se le engaña. Una realidad bien tangible en la farándula, donde mujeres tocadas por el arte han paseado su talento de dos en dos. La inolvidable Lola Flores y su hermana Carmen, Fernanda y Bernarda de Utrera, Emma Penella y Terele Pávez, Irene y Julia Gutiérrez Caba o el dúo Azúcar Moreno son fiel reflejo de este hecho, también ampliable a la gran empresa -Alicia y Esther Koplowitz- o al estamento político, como Ana y Loyola de Palacio, trabajadora infatigable que bien conocía estas tierras.

Durante los últimos meses han saltado a la actualidad dos hermanas sorianas, Encarna y Julia Garijo Casal, de 93 y 84 años, respectivamente, que vivían juntas en una residencia de Matamala de Almazán. La primera, discapacitada, ha tenido que dejar al centro para seguir percibiendo su pensión no contributiva de 380 euros, ya que la normativa de la Seguridad Social establece que no puede residir en el mismo domicilio de su hermana Julia, quien recibe una de viudedad. Entre las dos superan la cifra de 8.900 euros anuales de ingresos máximos, porque dos hermanas conviviendo juntas para pasar sus postreros días forman una «unidad familiar». Como Cataluña una nación, claro, o quien suscribe, obispo de Astorga.

Por ende, con la interpretación estricta de la ley, la Junta de Castilla y León advirtió de esta circunstancia a las interesadas. La presión social y política pretende cambiar el criterio, con el fin de que los hermanos no sean considerados miembros de una misma unidad económica, y que una residencia de mayores no conforme un domicilio. En el Ministerio de Sanidad ya lo están valorando. Porque el amor fraterno de los tuyos debe prevalecer ante la gélida burocracia de despacho. Y más al atardecer de la vida.

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